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Chappell Roan, Laufey y 7 artistas más abandonan Wasserman — el escándalo Epstein derriba un imperio musical
En apenas tres semanas, Wasserman Music pasó de ser una de las agencias más poderosas de la industria a un cadáver corporativo. La causa: el nombre de su CEO, Casey Wasserman, apareció en los archivos desclasificados de Jeffrey Epstein. Y lo que vino después fue una hemorragia de artistas, empleados y reputación que nadie en la industria supo contener.
Cuando los documentos del caso Epstein se hicieron públicos en junio de 2026, pocos imaginaban que el terremoto llegaría hasta la cúpula de una de las agencias de talento más grandes de Estados Unidos. Pero Casey Wasserman, también presidente de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, estaba ahí. No como acusado penal, sino como un nombre que aparecía en los círculos de Epstein. Para los artistas, eso fue suficiente.
El éxodo en cadena
Chappell Roan fue la primera en hablar. La estrella del pop, que arrasa en Spotify con más de 40 millones de oyentes mensuales, publicó un comunicado escueto pero devastador: "Me niego a quedarme callada mientras quienes me representan están vinculados a un depredador sexual convicto." Horas después, su salida de Wasserman era oficial.
Le siguieron Laufey, la cantante islandesa-china que domina el jazz-pop moderno; Orville Peck, el enmascarado del country alternativo; Weyes Blood, la profeta del folk psicodélico; y los Dropkick Murphys, los punk-rockers de Boston que no dudaron en cortar lazos. En total, más de 10 artistas abandonaron la agencia en menos de dos semanas.
La reacción en cadena fue brutal. Cada salida generaba titulares, y cada titular provocaba más salidas. Los artistas que inicialmente esperaban "ver cómo evolucionaba" la situación se encontraron con que quedarse era peor: el público comenzó a preguntar por qué seguían con una agencia manchada por Epstein.
"Me he convertido en una distracción"
Casey Wasserman intentó contener la crisis. Primero con un comunicado interno prometiendo transparencia. Luego con una entrevista donde decía "no recordar" sus interacciones con Epstein. Pero la hemorragia no paraba.
Finalmente, Wasserman anunció que vendería la agencia. Su declaración fue tan reveladora como demacrada: "Me he convertido en una distracción. La agencia que construí merece mejor que esto."
Según reportes de Billboard, Variety y Rolling Stone, la agencia ya está en conversaciones para ser vendida y podría rebautizarse como "The•Team". Pero el daño a la marca Wasserman es probablemente irreversible.
El precedente que aterra a la industria
Este caso sienta un precedente aterrador para la industria del entretenimiento: cualquier persona cuyo nombre aparezca en los archivos Epstein —incluso sin acusación formal— puede enfrentar el colapso total de su negocio. No es un juicio legal. Es un juicio de reputación instantáneo que las redes sociales y los artistas con conciencia social ejecutan en cuestión de días.
Las agencias de talento, estudios de cine y disqueras están revisando frenéticamente sus propias listas de inversores, socios y directivos. Nadie quiere ser el próximo Wasserman.
Para los músicos, la lección es clara: en la era post-Epstein, el silencio ante la podredumbre ya no es una opción. Chappell Roan lo dijo mejor: "No puedo controlar el pasado, pero sí puedo elegir con quién trabajo hoy."
¿Qué significa para Latinoamérica?
Para los fans latinos de Chappell Roan, Laufey y Orville Peck —que tienen seguidores masivos en México, Argentina, Colombia y Chile—, esta salida es una victoria de la coherencia sobre el dinero. Y para los músicos emergentes de habla hispana que firman con agencias internacionales, la lección es doble: investiguen con quién se asocian, porque el público no perdona.
Si estás en una banda emergente o eres un artista independiente latinoamericano, este es el momento de preguntar: ¿quién está detrás de mi agencia? ¿A quién financian mis regalías? La transparencia ya no es un lujo, es una necesidad.
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