Kevin O'Leary construye un centro de datos en Utah del tamaño de dos Manhattan — y los ecologistas están furiosos

Centro de datos masivo en el desierto de Utah
Imagen referencial de un centro de datos. El Stratos Data Center en Utah será dos veces el tamaño de Manhattan y consumirá más electricidad que todo el estado.

Imagina un centro de datos tan grande que duplica el tamaño de Manhattan. Ahora imagina que consume más electricidad que todo el estado de Utah. Ahora imagina que funciona con gas natural. Bienvenido al proyecto Stratos Data Center de Kevin O'Leary, el "Mr. Wonderful" de Shark Tank, una pesadilla ambiental de $100 mil millones que acaba de ser aprobada.

Y la gente está furiosa.

¿Qué es el Stratos Data Center?

Ubicado en Box Elder County, Utah, el Stratos Data Center no es un centro de datos cualquiera. Son 60 edificios distribuidos en 40,000 acres de desierto. Para que te hagas una idea: el distrito financiero de Manhattan apenas ocupa 1,600 acres. Esto es 25 veces más grande.

Con un costo estimado de $100 mil millones, el proyecto promete posicionar a Utah como un hub global de infraestructura cloud y criptominería. Pero hay un detalle no menor: consumirá más electricidad que todo el estado combinado. Hogares, hospitales, escuelas, fábricas... todo junto consumiendo menos que este solo centro de datos.

Gas natural en plena crisis climática

Lo que más indigna a los grupos ambientalistas es que la energía no vendrá de fuentes renovables. El proyecto planea instalar turbinas de gas natural para alimentar sus servidores. En plena crisis climática, con la energía solar y eólica ya siendo más baratas que el gas, O'Leary eligió la opción más contaminante.

Según The Guardian, activistas locales calificaron el proyecto de "irresponsable" y señalaron que un solo centro de datos no debería tener permitido generar más emisiones que todo un estado. Diversos grupos ya presentaron demandas para frenar la construcción.

TechRadar reportó que el consumo energético del Stratos Data Center superará la demanda actual de Utah, lo que significa que literalmente no hay suficiente electricidad en el estado para alimentarlo sin construir nueva infraestructura de gas.

El ángulo "Mr. Wonderful": acusaciones de espionaje chino

Kevin O'Leary no es conocido por su diplomacia. Cuando los grupos locales comenzaron a organizarse, el inversionista canadiense respondió acusándolos de ser "proxies del gobierno chino" — una afirmación que generó aún más controversia y que fue reportada por ABC4 Utah y Rolling Stone.

La comunidad respondió con indignación: ciudadanos de Box Elder County, muchos de ellos agricultores y ganaderos de toda la vida, se vieron acusados de espionaje internacional simplemente por oponerse a un megaproyecto que destruiría sus tierras y su calidad de vida. El periódico local Planetizen calificó el conflicto como una "guerra cultural disfrazada de disputa ambiental".

¿Qué significa esto para LATAM?

Puede parecer una historia lejana, pero este proyecto es un termómetro de lo que está por venir en toda América Latina. La demanda de centros de datos crece exponencialmente con la IA, la nube y las criptomonedas. Chile, Argentina, México y Colombia ya están recibiendo propuestas similares de gigantes tecnológicos.

La pregunta es: ¿quién paga el costo ambiental? En Utah, son los residentes de Box Elder County quienes pierden sus paisajes y su aire limpio. En LATAM, serán las comunidades rurales donde las tecnológicas quieran instalar sus centros de datos, aprovechando regulaciones ambientales menos estrictas y electricidad barata (muchas veces generada con carbón o gas).

La hipocresía de la nube

Las grandes tecnológicas venden la nube como algo etéreo, mágico, que flota en el cielo sin consecuencias. Pero la realidad es que cada selfie, cada video en TikTok, cada query de ChatGPT tiene un costo físico: consume agua para enfriamiento, electricidad para servidores, y tierra para las instalaciones.

El proyecto de O'Leary expone esta hipocresía de forma brutal. No es "la nube" — es un edificio de concreto y acero del tamaño de dos Manhattans, quemando gas natural 24/7 para que puedas ver videos de gatos. Y nosotros pagamos el precio ambiental.

¿Se puede detener?

El proyecto ya fue aprobado por las autoridades locales de Box Elder County, pero las demandas ambientales están en proceso. La controversia es tan grande que ha atraído la atención de más de 10 medios nacionales (Forbes, The Guardian, Slate, TechRadar, Rolling Stone, Dezeen, Yahoo, ABC4), lo que sugiere que la presión pública podría tener algún efecto.

Sin embargo, el dinero pesa más que la indignación. Con $100 mil millones en juego, O'Leary tiene recursos casi ilimitados para litigar, cabildear y construir. La pregunta real es: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar como sociedad para frenar el daño ambiental de la infraestructura digital?

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