URSALA, RAQUEL y FARRAH: Los satélites espías clasificados que Estados Unidos acaba de desclasificar

Satélites en órbita terrestre
Los diminutos satélites espías viajaban acoplados a otros satélites mucho más grandes.

Durante más de 40 años, Estados Unidos tuvo un programa de espionaje orbital tan secreto que sus nombres solo aparecían en documentos clasificados.

Hoy, gracias a una desclasificación reciente, sabemos que esos satélites se llamaban URSALA, RAQUEL y FARRAH, y operaron durante décadas sin que casi nadie supiera de su existencia.

El programa nació en los años 60 como una idea sencilla: lanzar pequeños satélites "autoestopistas" al costado de grandes satélites de reconocimiento fotográfico. Esos diminutos aparatos se separaban en órbita y empezaban a hacer su trabajo. Su misión no era tomar fotos: su trabajo era interceptar señales de radar enemigas.

Al principio eran aparatos hechos a medida, diseñados en meses para responder a amenazas nuevas. Cada uno tenía un nombre diferente, hasta que los responsables del programa decidieron usar nombres de actrices de Hollywood para evitar dar pistas sobre lo que hacían. Así nacieron URSALA, RAQUEL y FARRAH.

Lo interesante está en cómo evolucionaron. En Vietnam, el ejército descubrió que esos datos podían servirle directamente a los comandantes en el campo de batalla, no solo a la Casa Blanca. Ahí el programa dio un giro radical: de inteligencia estratégica a apoyo táctico en tiempo real.

Los satélites URSALA estaban diseñados para buscar radares enemigos de manera general. RAQUEL era más especializado: buscaba señales nuevas y desconocidas, las más difíciles de detectar. FARRAH combinó ambas capacidades en un solo satélite, con un procesador a bordo capaz de analizar las señales y enviarlas directamente a vehículos móviles en tierra, barcos o incluso portaaviones.

Estos aparatos fueron diseñados para durar 3 años... y terminaron durando 20. FARRAH I operó 22 años en órbita. RAQUEL 1A estuvo 14 años funcionando. Diseñados para ser desechables, terminaron sobreviviendo a muchas de las guerras para las que fueron creados.

El detalle más curioso es su tamaño. Eran satélites del tamaño de una maleta grande, pero estaban repletos hasta el límite de electrónica. Según uno de los ingenieros que trabajó en ellos, alcanzaron una densidad equivalente a la de la caoba maciza.

Durante la Guerra de las Malvinas de 1982, RAQUEL 1A fue reorientado para cubrir el Atlántico Sur y proporcionar inteligencia sobre las defensas argentinas. Durante décadas, estos satélites ayudaron a detectar desde radares móviles de misiles tierra-aire hasta buques en alta mar.

Lo que hace viral esta desclasificación es algo simple: durante medio siglo hubo una flota entera de satélites espías sin nombre público. Programas completos que costaron miles de millones y afectaron batallas, y hasta hace muy poco eran completamente desconocidos para el resto del mundo.

En una época donde casi todo se filtra en tiempo real, hay algo fascinante en descubrir que todavía existen historias secretas de la carrera espacial que apenas ahora salen a la luz.

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