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Trump llamó a Infantino, la FIFA anuló una tarjeta roja por primera vez en 64 años — y EE.UU. igual perdió 4-1
Un presidente de la República llamó al jefe de la FIFA y le pidió que revirtiera una tarjeta roja en medio de un Mundial. Si eso suena a chiste, te confirmo que es real: Donald Trump admitió públicamente que llamó a Gianni Infantino para pedirle que revisara la sanción de Folarin Balogun. La FIFA accedió. Y el futbol mundial entró en crisis.
El escándalo más grande del Mundial 2026 no es una jugada dudosa ni un gol anulado por VAR. Es la pregunta que nadie quería hacerse: ¿hasta dónde puede llegar un presidente sin que la FIFA le diga que no?
¿Qué pasó exactamente?
Todo empezó en el partido de octavos de final entre Estados Unidos y Bosnia-Herzegovina. Balogun, delantero del Monaco y máxima figura del equipo estadounidense, recibió tarjeta roja tras pisar el tobillo de Tarik Muharemovic. Sanción automática: un partido de suspensión. Sin excusas.
En condiciones normales, ahí termina la historia. El jugador se va, el equipo busca alternativa y el Mundial sigue. Pero nada es normal cuando tienes al líder del mundo libre al teléfono.
Trump llamó a Infantino. No fue un mensaje casual entre amigos. Fue una solicitud directa para que la FIFA interviniera en una decisión deportiva. Según Fortune, esto se ha convertido en "una prueba global de la neutralidad política de la FIFA". La organización, presionada, usó el Artículo 27 del reglamento disciplinario — una cláusula que permite suspender sanciones bajo "período de prueba" — para levantar la tarjeta roja de Balogun.
Primera vez desde 1962. Última vez que alguien logró esto fue Garrincha en el Mundial de Chile, cuando los reglamentos eran diferentes. Desde entonces, ninguna tarjeta roja había sido revertida en un Mundial. Hasta que un presidente llamó a la puerta.
La FIFA se hace el tonto — y el mundo reacciona
La Asociación Real Belga de Fútbol (RBFA) calificó la decisión de "incomprensible" y apeló inmediatamente. ¿Qué hizo la FIFA? Rechazó la apelación belga. Para ser claros: le dijeron al equipo perjudicado que no tenía derecho a cuestionar una decisión política.
Las reacciones no se hicieron esperar:
- Le Monde publicó: "Al revocar la tarjeta roja de Balogun, la FIFA y EE.UU. marcaron un gol en propia puerta"
- Ex-presidente de la FIFA cuestionó el uso de "poder político" sobre decisiones deportivas
- PBS reportó que Infantino fue cuestionado directamente sobre la neutralidad de la organización
- Al Jazeera lo llamó "uno de los escándalos más grandes de la historia del Mundial"
- ESPN, CNN, BBC, NPR, NYT, Reuters — todos cubrieron la historia con críticas devastadoras
En total, más de 20 medios de comunicación internacionales cubrieron el escándalo. Desde BBC hasta EL PAÍS, desde USA Today hasta The Guardian. Esto no es un drama de Twitter: es un terremoto institucional.
La ironía más brutal del Mundial
Aquí viene lo que hace esta historia perfecta: EE.UU. perdió 4-1 contra Bélgica. Con Balogun en el campo, con toda la ventaja que la FIFA le regaló, con la bendición presidencial y todo. Perdieron de goleada.
Trump intervino para que su estrella jugara. La FIFA rompió 64 años de precedente. Bélgica protestó. El mundo criticó. Y en el final, el equipo que se benefició del escándalo fue eliminado de todas formas. Si eso no es un gol en propia puerta, no sé qué lo es.
Balogun, para rematar la ironía, publicó una foto en redes sociales con la canción "Bad" de Michael Jackson de fondo. Tono cero. Timing peor.
¿Por qué esto importa para Latinoamérica?
Si crees que esto es solo un problema de la FIFA, estás equivocado. Cuando un presidente puede cambiar las reglas de un deporte por teléfono, nadie está seguro. Imagina esto aplicado a un Mundial en tu país, a una eliminatoria de tu selección, a una final de Copa América.
Para Latinoamérica, la pregunta no es solo si Trump hizo bien o mal. Es: ¿cómo protegemos la integridad del deporte cuando los poderosos no respetan las reglas?
La FIFA tiene la misma arquitectura que una empresa extractiva: mucho poder centralizado, cero rendición de cuentas, y decisiones que dependen de quién llama por teléfono. Si esta situación pasara en la CONMEBOL o en la CONCACAF, todos los periódicos del mundo lo estarían calificando de "corrupción". Pero como es la FIFA y como involucra a Washington, se llama "neutralidad política en revisión".
El precedente que nadie quería
El artículo 27 del reglamento disciplinario de la FIFA fue diseñado para casos excepcionales reales — errores arbitrales confirmados, violencia grave, o situaciones donde la evidencia demuestra una injusticia clara. No para cuando un presidente llama a pedir un favor.
El problema no es solo lo que pasó. Es lo que viene después. Si ahora un presidente puede llamar para revertir una tarjeta roja, ¿qué no puede hacer el próximo? ¿Cambiar un resultado? ¿Influir en el VAR? ¿Decidir quién arbitra la final?
Como dijo Le Monde con precisión quirúrgica: la FIFA y EE.UU. marcaron un gol en propia puerta. La diferencia es que en el futbol puedes perderte un gol. En la institucionalidad, perder una regla puede significar el fin de todo.
La pregunta que todos se hacen pero nadie quiere responder
La FIFA ha sobrevivido a sobornos, escándalos de corrupción y renuncias de ejecutivos en cadenas. Pero este escándalo es diferente porque ataca lo que queda de credibilidad en la organización: la idea de que, al menos en el campo, todos juegan con las mismas reglas.
Si Bélgica hubiera perdido con Balogun en cancha, la narrativa sería "Trump salvó el Mundial para EE.UU." Pero Bélgica ganó 4-1. Y ahora la pregunta es: ¿cuántas veces más va a llamar Trump antes de que la FIFA ponga un contestador automático?
El Mundial 2026 seguirá adelante. Pero la FIFA ya perdió algo que no puede recuperar: la ilusión de que el fútbol es justo.
¿Crees que la FIFA debería prohibir que los políticos se involucren en decisiones deportivas? Comparte esto si crees que el fútbol debería ser para todos — no solo para quienes tienen el número de teléfono correcto. ⚽