Tu placa no es privada: el Estado lee cada auto que pasas

Monitor de hacker representando vigilancia masiva
Cada placa leída se convierte en un punto en un mapa que nadie controla.

Cada coche que pasa por una cámara de lectura de placas en Estados Unidos deja un rastro. Lo que casi nadie te cuenta es que ese rastro ya no se queda en tu policía local: desde hace meses viaja a una base federal que nadie puede auditar.

404 Media acaba de documentar, con registros públicos y documentos judiciales, cómo la administración Trump está usando un programa antidrogas de los años 80 para obligar a las ciudades a volcar sus datos de placas en centros de vigilancia federales que dependen de la Casa Blanca.

El truco: un programa antidrogas de los años 80

El mecanismo se llama HIDTA (High Intensity Drug Trafficking Area). Suena burocrático y aburrido, y por eso funciona. Hay 33 programas HIDTA que cubren los 50 estados, cada uno con sus propios centros de inteligencia y una "junta ejecutiva" formada por directivos de policía.

La jugada es esta: si tu ciudad quiere instalar cámaras de lectura de placas de Flock, Axon o ELSAG en carreteras estatales, no tiene opción. Tiene que firmar un MOU (memorando de acuerdo) que la obliga a mandar sus lecturas al HIDTA regional.

La ciudad de Brunswick, Georgia, lo descubrió así en su propia reunión municipal: no podía desplegar cámaras de Axon sin ceder sus datos a un centro de Atlanta. El texto del acuerdo habla de "sistemas de intercambio de datos que podrían incluir información agregada recolectada de múltiples fuentes individuales o regionales". Traducido: tus placas alimentan un pozo común sin límites.

El dinero: $277 millones y $306,800

En julio, la administración Trump le asignó a HIDTA $277 millones en fondos adicionales. Houston pagó $306,800 a la empresa Recruitful LLC para "crear y mantener una base de datos de lectura de placas", un buscador que combina datos de Flock, Axon, ELSAG y Vigilant en un solo lugar.

Uno de los requisitos técnicos del contrato era que "todas las APIs e integraciones de terceros (Unification Platform, FLOCK) funcionen sin problemas en el nuevo entorno". O sea: construyeron la tubería exacta para unir cámaras de empresas distintas y rastrearte por todas partes.

La DEA lo admite en un papel de 2024

Esto no es especulación. Un informe de impacto de privacidad de la DEA de diciembre de 2024 sobre su National License Plate Reader Program (NLPRP) dice textual que el sistema "puede incorporar grandes cantidades de cámaras de otros organismos de gobierno en el futuro, de forma que permita el seguimiento continuo de los viajes de los individuos".

El mismo documento advierte del riesgo de "sobre-colección de información personal identificable de cada placa que pasa por cada ubicación de cámara LPR, incluyendo un gran número de imágenes de los viajes de conductores que no son relevantes para investigaciones Corruption". Traducido del lenguaje burocrático: guardan los viajes de ciudadanos que no han hecho absolutamente nada malo.

Por qué no puedes pedir los datos: la excusa legal

Aquí está la parte que me indigna. Cuando un ciudadano pide sus datos, la DEA responde en los tribunales que HIDTA "no es una entidad", sino un "programa de subvenciones". Sus abogados escriben: "La DEA no crea, posee, mantiene ni controla los registros del programa HIDTA".

Traducido: los datos existen, se almacenan en la base de datos de Houston-HIDTA, pero como el programa es "complejo" y está gobernado por una junta ejecutiva, no es accesible bajo la Ley de Libertad de Información pública.

El oficina del Sheriff de Randolph County, Carolina del Norte, lo admite sin rodeos: "todos los datos se guardan en la base de datos federal Houston-HIDTA" y no se pueden compartir con el público. Ni siquiera con un sheriff. Tu placa es un secreto de Estado.

Mientras tanto, las ciudades sí se rompen

Y aquí está la paradoja brutal: es el Estado el que empuja los datos hacia arriba, y son las ciudades las que están siendo criticadas por permitir la vigilancia.

Los Ángeles suspendió el uso de cámaras de Flock por problemas de privacidad. Mountain View también las suspendió tras descubrir que agencias federales accedieron a los datos sin permiso. Idaho Statesman documentó que agentes de ICE tenían acceso a los lectores de placa de una ciudad de Idaho. Texas y otros estados están aprobando leyes para restringir este tipo de herramientas.

Muchas ciudades están haciendo lo correcto. Pero mientras el grifo federal siga abierto, retirar una cámara ya no protege nada: los datos ya están en el servidor de Houston.

¿Y en Latinoamérica?

La misma tecnología ya cruzó el charco. México, Colombia y Brasil han firmado contratos de reconocimiento de matrículas con proveedores de origen estadounidense por razones de "seguridad". La diferencia es que en varios países no existe siquiera una ley de protección de datos personales que te permita reclamar, y mucho menos auditar.

Aquí la respuesta no es técnica, es política: si la DEA se lava las manos diciendo que no controla los registros, y la policía local dice que no sabe dónde están, la pregunta que queda flotando es muy simple: ¿quién tiene mi placa?

Y por ahora, la respuesta honesta es: nadie te lo va a decir.

Comparte esto con alguien que todavía piensa que su placa no es asunto del Estado. Porque lo es, y desde los años 80.

Preguntas para ti

¿En tu ciudad sabrías decirme si te están fotografiando la placa en este momento? ¿Cómo consultas esos datos? Si tu respuesta es "ni idea", ese es exactamente el problema del que estamos hablando. Cuéntame en los comentarios si tu policía local ya te ha pedido que firmes algún MOU de este tipo.