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Todd Rundgren dice que Taylor Swift arruinó la música — y casi nadie está de acuerdo
Setenta y ocho años, tres Grammys en el bolsillo y un currículum de estudio que iguala al de cualquier mito del rock. Así que cuando Todd Rundgren, el tipo que tituló el Razzia y el hombre que ayudó a definir el sonido de Bon Jovi, soltó la frase musical más discutida de la semana, la industria no pudo hacer como que no lo oía: Swift es "la apoteosis de la mediocridad". Días después radicalizó su tesis: le arruinó la música.
No es un tuit anónimo. Es un hombre que empezó su carrera en 1968 grabando con Peter Picker y ha producido o tocado con Bob Dylan, los Rolling Stones, Neil Young, Ringo Starr y Grand Funk Railroad. Si alguien tiene credenciales para decir quién salvó la música popular y quién la enterró, sería él. Ese es el problema: por eso la frase vuelve, porque todos saben quién está hablando.
La frase exacta y de dónde salió
Según Billboard, el detonante fue una entrevista donde Rundgren criticaba el streaming como modelo económico, no a la cantante directamente. Al unir eso con su tesis de siempre — que la composición artesanal y la técnica de estudio valen más que la fórmula — la frase se le escabulló como conclusión lógica. Guitar Player recogió su matiz: "Hay un argumento que puede hacerse de que arruinó la música". Consequence la subió a portada. Ultimate Classic Rock la rebautizó como tesis. Pitchfork le dedicó nota.
VICE fue el más específico: ligó la mediocridad de Swift directamente a los videojuegos de los 90. TheWrap registró el doble intento, cuando confirmó la acusación en vez de matsizarla. Music-News la tituló así, tal cual. Firstpost la llevó a portada de su edición para Latinoamérica.
Por qué 20 medios y no 200 mil
Este es el dato que casi nadie reporta. Contando piezas: Billboard, Consequence, VICE, Pitchfork, TheWrap, Guitar Player, Ultimate Classic Rock, Music-News, TV Insider, Digital Music News, AudioPhix, 2oceansvibe, Firstpost, The Independent, The Statesman, South China Morning Post, el Independent Florida Alligator y los diarios locales que reciclan nota de prensa, la cobertura es real pero es de publicaciones de nicho, no de la prensa cultural de masa.
Eso no quiere decir que sea ruido. Quiere decir que es una historia de rock con buenos ganchos, no un fenómeno cultural. Y esa diferencia lo cambia todo para el lector: Rundgren no está marcando un cambio en el gusto del público; está despachando una nostalgia de veterano desde una serie de entrevistas de promotion.
El contraargumento más fuerte: los propios VMAs
Mientras Rundgren repetía el cargo, Yahoo News UK destapó lo que nadie quería oír: la actuación de Swift en los VMAs 2026 contradice frontalmente su propia tesis. Si la tesis es "el streaming mató el valor de la música", entonces la retransmisión que movió a todo un salón de VMAs — con récord de audiencia — desarma el argumento desde dentro. Las plataformas no son el problema si la industria sigue siendo capaz de juntar a 51 millones de personas.
Ese es el punto ciego de Rundgren: confunde el formato con la calidad. El streaming mató las ventas singles de Sanctuary, no el songwriting. Es un error de contabilidad, no de gusto.
Su legado no necesita la pelea
Lo irónico es que Rundgren tampoco necesita esta pelea para tener peso en la industria. El Rock and Roll Hall of Fame lo tiene como miembro de honor. Su discografía de los 70 es reverenciada y hoy es material de estudio en conservatorios de producción. Sus remixes — Hermit of Mink Hollow reeditado con sonido nuevo — son de lo mejor que ha salido de un catálogo de los 70.
Arrinconar la reputación de la mujer que además es una de las artistas más del mundo, y sin una sola tarifa pública que lo contradiga, es un gesto que dice más sobre la necesidad de tener razón que sobre la beloved.
Veredicto
Rundgren tiene razón en algo, y no es lo que dice: la industria de producción discográfica estuvo manipulada hasta 2015, y la economía del streaming sigue siendo hostil al autor. Tiene razón en que la fórmula mata originalidad. Lo que no tiene razón es el sujeto: Swift no arruinó la música; la industria la arruinó, y ella solo resultó ser el objetivo más visible.
La ironía final: casi diez años antes, el mismo camino abierto por Aimee Mann, la artista a la que Swift le puso nombre a Betty en una canción. Mann no le contestó. No necesitaba contestarle.
Comparte esto si alguna vez tuviste a un héroe del rock y te hizo dudar de su nostalgia. Y cuéntanos: ¿quién arruinó la música — de verdad, sin nostalgia?