Texas exige respuestas: los data centers de IA se negaron a decir cuánta agua beben

Filas de servidores iluminados en un centro de datos
Cada rack emite calor constante que hay que enfriar con agua. Foto: Unsplash.

Un data center de IA en Texas puede consumir entre 2 y 8 millones de galones de agua al mes. Eso es lo que dicen los estudios del sector. Lo que no dicen es cuánto consumen los de Texas, porque el sector se niega a responder.

El lunes, el gobernador Greg Abbott dirigió una orden oficial a la Texas Water Development Board (TWDB): «Los data centers deben compartir el deber de proteger el agua de Texas». La instrucción es clara en lo que significa en la práctica: el estado va a usar su autoridad para sancionar a los grandes usuarios de agua —incluidos los centros de datos— que no devolvieron la encuesta de uso de agua que el Texas Water Code les exige.

No es una amenaza de papel: hay consecuencias crueles

La diferencia entre un comunicado político y una orden con fuerza legal está en los detalles, y aquí son bastante claros:

Según el gabinete de Abbott, un data center que no complete el reporte podría enfrentar consecuencias penales y quedar inhabilitado para obtener, enmendar o renovar permisos de la Texas Commission on Environmental Quality. La TWDB también puede remitir el caso al fiscal del condado o del distrito correspondiente.

Traducido: no es una multa. Es la amenaza de perder el permiso de operar. Para una empresa valuada en miles de millones, eso es mucho más efectivo que una multa.

«Esos reportes son críticos para la planificación de largo plazo de la agencia. Siguiendo la directriz del gobernador Abbott, la TWDB obligará a todos los usuarios de agua a cumplir», escribió la propia agencia.

O sea: la TWDB está aplicando una ley que ya existía desde antes y que nadie estaba haciendo cumplir. Eso es lo que hace una advertencia cuando detrás hay poder legal real.

La ironía que nadie quiere decir en voz alta

Texas no tiene un problema de sequía ya. El estado cerró el mes con un cuarto mes consecutivo sin lluvia en varias zonas, y la misma semana en que Abbott firmaba esta orden, ciudades del sur de Texas pasaron al racionamiento. Las condiciones de agua del estado se están escribiendo ahora, y la principal fuente de demanda nueva no son las granjas ni los hogares: son las computadoras.

Y aquí está el nudo. No es que los data centers usen demasiada agua —aunque algunos sí lo hacen. Es que no hay ni una sola cifra oficial. Texas Tribune reportó que la mayoría de los data centers simplemente ignoró las encuestas. Cada año. Sin datos no hay planificación posible, y sin planificación el estado maneja a ciegas su recurso más escaso.

Este septiembre, un newsletter energético de Texas destapó un ejemplo concreto: una negociación que se cayó porque alguien se enteró de que el proyecto había reservado 25 millones de galones de agua. Veinticinco millones de galones que no estaban en ningún registro público.

La política que huele a dólar

La candidata demócrata a la gubernatura, Gina Hinojosa, fue directa. Atació el punto ciego del esquema:

«Texas es el Wild West de los data centers. Recogió 20 millones de dólares en donaciones de sus CEOs y prometió convertir al estado en el ‘epicentro’ de la IA a expensas de la gente que trabaja».

Veinte millones de dólares. La normativa aparece cuando la campaña electoral está en juego, no cuando una comunidad se queda sin agua.

¿Es suficiente? La comunidad dice que no

Activistas locales no creyeron que la medida llegara al fondo del asunto. Claudia Hollern, voluntaria del Caldwell Data Center Action Team, fue directa: «A este punto parece más una distracción que una directiva real».

Y tienen un punto válido. Una carta de advertencia no construye un pozo. Solo obliga a que el número salga a la luz. El agua sigue igual; el clima sigue secándose igual; los pies de latón siguen bajo el mismo sol.

El efecto en Latinoamérica

Texas no es el único lugar donde pasa esto. En Chile, Colombia y Brasil la misma carrera de centros de datos se instaló sobre cuencas hidrográficas tensas, con las mismas promesas de empleo y las mismas facturas de agua que nadie publica. La diferencia es que ahí aún no existe una sola TWDB que obligue a nadie a responder.

Si estás pensando en montar infraestructura de cómputo en República Dominicana, Colombia o México, la lección de Texas es directa: el agua es el activo político que nadie está contando, y la comunidad lo va a notar antes que tu regulador.

Así que sí: la respuesta de Texas no es un chiste, es un precedente. La próxima ciudad que quiera una navega con IA en América Latina ya tiene la respuesta escrita: o publicas tus cifras de agua, o no hay permisos.

¿En tu ciudad hay un data center que todos saben que existe pero nadie sabe cuánto bebe? Cuéntalo en los comentarios.

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