🗳️ Política
Terremoto en Colombia: 250 muertos, 2,700 desaparecidos y un presidente que asumió hace 3 días
Un terremoto de magnitud 7.4 acabó de destruir lo que quedaba de la paciencia en Colombia. Más de 250 personas murieron, 2,700 están desaparecidas y el nuevo presidente — que asumió el viernes — tuvo que declarar estado de emergencia en sus primeras 72 horas de gobierno. Esto no es una película. Es la peor catástrofe sísmica que ha vivido el país este siglo.
Lo que pasó en menos de 60 segundos
El terremoto golpeó el lunes 11 de agosto en la región del Chocó, al oeste de Colombia, a las 3:48 PM hora local. La sacudida duró menos de un minuto, pero lo que dejó detrás va a tomar años en repararse.
Cali, la tercera ciudad más grande del país con 2.2 millones de habitantes, fue la más golpeada. Decenas de edificios quedaron inclinados peligrosamente o colapsaron por completo. El piso pediátrico de uno de los hospitales principales se derrumbó sobre sí mismo, dejando pacientes atrapados y obligando a 600 personas a ser atendidas en la calle, entre escombros y polvo.
En Manizales, las torres de una catedral histórica se derrumbaron. En Pereira, al norte de Cali, murieron al menos 40 personas. El gobierno reportó 700 heridos solo en Valle del Cauca. Y eso es lo que se sabe hoy — las cifras van a subir.
Un presidente que no pidió este cargo (literalmente)
Aquí es donde la historia se pone más intensa políticamente. Abelardo de la Espriella asumió la presidencia el viernes 8 de agosto — tres días antes del terremoto. Es un presidente de ultraderecha que llegó al poder con promesas de orden y seguridad, no de emergencias naturales.
Su respuesta fue inmediata: declaró estado de emergencia, movilizó a todo el aparato militar y policial, y viajó a Quibdó, capital del Chocó, la noche del lunes. Desplegó ingenieros, equipos de rescate y perros buscadores. Cali y Pereira impusieron toques de queda.
"Nuestra intención es cooperar de cualquier manera necesaria. Aquí no hay distinciones ni divisiones ideológicas cuando se trata de defender vidas", dijo De la Espriella en una declaracion que contrasta con su discurso de campaña.
¿Por qué LATAM debería estar pendiente?
Colombia no está sola en esto. América Latina es una de las regiones más sísmicas del planeta — desde Chile hasta México, los terremotos no discriminan political ideología ni promesas de campaña.
Lo que importa aquí no es solo la tragedia humanitaria. Es el patrón: un presidente nuevo que llega al poder con un discurso duro y se encuentra con que la naturaleza no negocia. La pregunta para cualquier gobierno latinoamericano es: ¿tienes los protocolos de emergencia listos antes de que tiemble?
En un continente donde los terremotos dejan muertos cada pocos años — Haití 2010, México 2017, Perú 2021 — la infraestructura de respuesta sigue siendo lamentablemente deficiente. Los hospitales que se derrumban (como el de Cali) no son accidentes: son el resultado de décadas de subinversión en construcción sísmica.
Las cifras que duelen
250+ muertos. 2,700+ desaparecidos. 1,600+ edificios dañados o destruidos. 700+ heridos solo en una región. Y el Chocó, una de las zonas más empobrecidas y aisladas del país, todavía no ha reportado el alcance completo del daño.
Rescatistas trabajan día y noche escuchando señales de vida bajo el concreto. Cada minuto cuenta. Cada hora que pasa reduce las posibilidades de encontrar sobrevivientes.
La lección que nadie quiere escuchar
Este terremoto no es un evento aislado. Es un recordatorio brutal de que Latinoamérica sigue construyendo como si la tierra no se moviera. Los códigos de construcción sísmica existen — el problema es que nadie los cumple, y cuando llega el temblor real, los edificios se convierten en trampas de concreto.
Mientras tanto, un presidente de tres días de gobierno tiene que decidir entre cumplir sus promesas electorales o gastar millones en rescate. Y los 2,700 desaparecidos siguen bajo los escombros, esperando que alguien los encuentre.
Comparte esto con alguien que piensa que los terremotos "no le pueden pasar". En Latinoamérica, la pregunta no es si tiembla, sino cuándo — y si estamos listos.