Terremoto 7.4 en Colombia: 265 muertos, 4,000 desaparecidos y un presidente que apenas estrenó la silla

Rescate tras terremoto en Colombia
Equipos de rescate buscan sobrevivientes entre los escombros en Cali, Colombia

Imagina esto: llevas 72 horas en el cargo de presidente de un país de 52 millones de personas. Tu gente te eligió tras una elección divisiva. Y entonces la tierra se abre bajo tus pies — literalmente.

Eso es lo que está viviendo Abelardo de la Espriella, el nuevo presidente de Colombia, quien asumió elcargo el 8 de agosto y el 11 recibió el terremoto más fuerte en un siglo: magnitud 7.4, con epicentro en la región del Chocó, una de las zonas más pobres e inaccesibles del país.

Los números que no cuadran

El gobierno reporta 265 muertos confirmados y 2,595 heridos. Pero las bases de datos civiles apuntan a algo mucho peor: aproximadamente 4,000 personas sin rastro. La diferencia entre ambas cifras es el abismo entre lo que el Estado puede confirmar y lo que la realidad está mostrando en las calles.

Las ciudades más afectadas — Cali, Pereira, Manizales y Quibdó — ven barrios enteros reducidos a escombros. En Cali, el Hospital Universitario del Valle colapsó parcialmente, obligando a los médicos a atender pacientes en el estacionamiento. Sí, leyó bien: un hospital de referencia nacional funcionando en un parking.

El Chocó: la herida que nadie quiere ver

La región del Chocó, cerca del epicentro, es una de las más pobres de Colombia. Muchas comunidades solo se alcanzan por río, por selva o por aire. A eso súmale que la zona lleva décadas afectada por violencia de grupos armados. Llegar allí es casi imposible incluso en tiempos normales. Ahora imaginen con carreteras destruidas y puentes caídos.

Es como si la naturaleza hubiera elegido el peor lugar posible para golpear — y los datos lo confirman. Más de 100 réplicas se han registrado desde el lunes, manteniendo a la población en un estado de terror constante.

La solidaridad vs. la política: un país dividido pero unido

Colombianos de todo el país han salido a las calles con comida, agua y suministros. Las filas para donar sangre se extienden por cuadras. Voluntarios forman cadenas humanas para despejar escombros a mano, porque la maquinaria pesada no puede llegar a todas partes.

Pero la política no se detiene ni ante un terremoto. De la Espriella declaró emergencia nacional y prometió subsidios de renta para familias sin hogar. Tres días de luto nacional. Banderas a media asta en embajadas colombianas en todo el mundo.

Y la ayuda internacional ya está llegando: EE.UU. $15.5 millones más equipos de rescate urbano de Fairfax y Los Ángeles. La UE $2.3 millones. México envía cientos de trabajadores de búsqueda y salud. El Salvador manda dos aviones con 100 toneladas de ayuda.

El ángulo que nadie está cubriendo

Mientras los medios internacionales se enfocan en las cifras de muertos, hay una historia más profunda: Colombia no estaba preparada. La infraestructura del Chocó lleva décadas de abandono. Los hospitales regionales ya estaban al borde del colapso antes del sismo. Y ahora, con 4,000 personas desaparecidas y una ventana de rescate que se cierra cada hora, la pregunta no es cuántos murieron — es cuántos podrían haberse salvado si el país hubiera invertido en prevención.

Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia advertía en 2024 que el riesgo sísmico en el Valle del Cauca estaba subestimado en un 40% por los modelos oficiales. Ese estudio fue archivado por "falta de presupuesto".

¿Qué sigue?

Las primeras 72 horas ya pasaron. La ventana para encontrar sobrevivientes bajo los escombros se está cerrando. Pero en Colombia, la gente no se rinde fácil — lo demostraron durante el conflicto armado, lo demostraron durante la pandemia, y lo están demostrando ahora.

La pregunta real es: ¿este terremoto va a ser el catalizador que Colombia necesita para reconstruir su infraestructura, o va a ser otro desastre más que se olvida en 6 meses?

Lo que está claro es que un presidente con 3 días en el cargo no tiene el lujo de fallar. Y 265 muertos (que pronto serán muchos más) no son un número — son personas que estaban buscando una vida mejor en uno de los países más biodiversos y, paradójicamente, más olvidados del mundo.

Comparte esto con alguien que piensa que los desastres naturales son "cosas que pasan en otros países". Porque la tierra no distingue fronteras, y la preparación tampoco debería.