Terremoto 7.7 en Panamá: el país que nunca tiembla acaba de declarar emergencia nacional

Vista aérea de la costa del Pacífico en Centroamérica cerca del epicentro del sismo de magnitud 7.7 en Panamá
El epicentro se ubicó a solo 10 km de Pitaloza Arriba, en el centro-sur de Panamá, a una profundidad de 12 km. Foto: Unsplash

Panamá no tiembla. Eso es lo que todos creían. Es el país del canal, de los rascacielos de Punta Pacífica, del dinero que pasa sin fricción. No es Chile. No es Perú. No es México. Hasta el viernes, la idea de un terremoto devastador en suelo panameño sonaba a guión de película barata. Hoy hay emergencia nacional declarada, más de 100 réplicas y videos de edificios agrietados circulando por todo WhatsApp.

Un sismo de magnitud 7.7 sacudió el país a las 5:56 p.m. GMT del viernes. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) lo midió inicialmente en 8.0, luego lo ajustó, y ubicó el epicentro a solo 10 kilómetros de Pitaloza Arriba, en el centro-sur del país. La profundidad: apenas 12 kilómetros. Sismos superficiales como este no se sienten "en alguna parte": se sienten en todos lados, y pegan más fuerte.

Lo que pasó en 10 minutos

A los pocos minutos llegó un segundo sismo fuerte, y después las réplicas: más de 100, incluyendo una de magnitud 6. El sistema de alerta de tsunamis de EE.UU. advirtió de olas de hasta 3 metros en la costa panameña. La ciudad de Panamá, a unos 200 km del epicentro, vivió escenas de pánico: gente evacuada de edificios, pacientes sacados del hospital Santo Tomás, una transmisión de televisión en vivo cortada a mitad de frase.

El sismo se sintió en todo el país — 4.5 millones de personas — y también en Costa Rica. AFP reportó al menos 27 heridos. Autoridades locales hablan de daños que podrían llegar a 100 millones de dólares. Se declaró estado de emergencia y se movilizó la Cruz Roja panameña junto a la IFRC. Hasta un equipo de rescate de Fairfax County, Virginia, se desplegó hacia Panamá.

La buena noticia: Reuters reporta que, aunque el sismo fue fuerte, evitó una destrucción masiva. La mala: nadie estaba preparado, porque nadie esperaba que pasara.

El detalle técnico que casi nadie explica

Panamá está en una zona rara de la tectónica mundial. No vive el ciclo brutal de subducción de Chile o Japón, donde la placa oceánica se mete bajo el continente cada pocas décadas. Panamá está sobre el bloque Panamá-Costa Rica, en el borde de la zona de fractura de Panamá, donde las placas Cocos y Nazca se deslizan lateralmente. Eso produce sismos menos frecuentes, pero no menos potentes.

Y aquí está el dato que debería preocupar a toda la región: los sismos en Panamá suelen ocurrir en el oeste, en la provincia de Chiriquí. Este cayó en el centro-sur, en la península de Azuero. Es decir, en una zona donde la norma sísmica, las campañas de evacuación y la memoria colectiva son prácticamente inexistentes.

La lección que Latinoamérica no quiere aprender

Aquí está lo incómodo. En México, Chile o Perú un temblor de esta magnitud activa protocolos aprendidos con sangre. En Panamá activó sorpresa. La alerta de tsunami llegó por sistemas de EE.UU., no por una red local robusta. Y los edificios modernos de la capital aguantaron, pero la construcción informal del interior del país es otra historia.

Es el mismo patrón que vimos en el sismo de magnitud 7.4 de Colombia hace unos meses: la diferencia entre un desastre y una tragedia no la define la magnitud, la define cuánto estaba preparada la gente. Y casi nadie lo está.

Mientras el país cuenta daños y espera que las réplicas amainen, queda una pregunta incómoda para toda la región: ¿cuántas ciudades latinoamericanas creen que "aquí nunca pasa nada" simplemente porque no ha pasado todavía?

Panamá tenía suerte. Nadie debería depender de la suerte. Comparte esto con alguien que alguna vez dijo "aquí no tiembla".