Satélites muertos están envenenando la capa de ozono — y esto es solo el comienzo

Reentrada de satélite en la atmósfera terrestre
Simulación de reentrada de satélite en un túnel de plasma en Alemania — las cenizas de aluminio destruyen la capa de ozono.

Tres satélites o cohetes usados se desintegran en la atmósfera CADA DÍA. Y la mayoría de la gente no tiene idea de que eso está pasando. Peor aún: las cenizas que dejan están envenenando lentamente la capa de ozono.

Un grupo de investigadores en Alemania está utilizando túneles de plasma —sí, los mismos que se usan para probar escudos térmicos— para simular la muerte de satélites en la atmósfera. Y lo que encontraron debería preocuparnos a todos.

El experimento que nadie había hecho

El Instituto de Sistemas Espaciales de la Universidad de Stuttgart tiene una de las pocas instalaciones en el mundo capaces de recrear las condiciones de reentrada de un satélite. Los investigadores meten trozos enteros de satélites en túneles de viento de plasma a temperaturas extremas y observan cómo se desintegran.

El problema es que la destrucción ocurre entre los 60 y 80 kilómetros de altitud, una zona demasiado alta para globos y aviones, pero demasiado baja para satélites. Es un punto ciego de la ciencia atmosférica.

"Cuando un satélite se desintegra, no desaparece", explica Fabian Hufgard, investigador del proyecto. "Sigue ahí, en la atmósfera, en forma de pequeñas partículas de aluminio. Y no sabemos qué hacen realmente."

Aluminio + ozono = desastre químico

Los satélites están hechos principalmente de aluminio y titanio, materiales que no existen naturalmente en la alta atmósfera. Cuando se queman, el aluminio se convierte en óxido de aluminio (alúmina), un compuesto que desencadena la destrucción del ozono y refleja la luz solar, alterando el balance térmico de la atmósfera.

Para ponerlo en contexto: cada día caen unas 44 toneladas de roca espacial (meteoritos), que son principalmente silicatos. Pero los satélites no son rocas. Son aleaciones de aluminio y titanio diseñadas para ser ligeras y resistentes, justo lo que NO quieres liberar en la estratósfera.

Y el verdadero problema no es lo que está cayendo ahora, sino lo que VA a caer.

18,000 satélites y subiendo

Según la ESA, hasta junio de 2026 hay 18,000 satélites operacionales y muertos orbitando el planeta. SpaceX, Blue Origin y China tienen planes para lanzar cientos de miles más en la próxima década, incluyendo centros de datos orbitales gigantes.

La mayoría de los satélites están diseñados para durar unos 5 años. Eso significa que decenas de miles de toneladas de naves espaciales viejas se vaporizarán en la atmósfera en un futuro cercano. Cada una dejando su firma química.

"Vemos este número creciente de satélites, y eventualmente la cantidad de reentradas llegará a un punto donde empezará a tener consecuencias", advierte Hufgard.

La capa de ozono que tanto costó recuperar

El óxido de aluminio es conocido por agotar el ozono. Los químicos que prohibimos en los años 80 con el Protocolo de Montreal (los CFC) también destruían el ozono. Ahora estamos liberando un compuesto similar desde 60 km de altura, donde la atmósfera no tiene mecanismos para limpiarse.

"Normalmente no inyectamos nada en esa zona de la atmósfera", dice Dominic Künstler, otro investigador del equipo. "Producimos muchas emisiones por viajes aéreos, pero a altitudes mucho más bajas donde hay mejor circulación de aire. La atmósfera superior está mucho más aislada."

Un estudio de la Universidad de Colorado Boulder estimó que en 15 años los satélites en reentrada podrían liberar suficiente aluminio para alterar los vientos y temperaturas de la estratósfera.

¿Y si un satélite no se quema del todo?

SpaceX afirma que sus satélites Starlink se queman completamente durante la reentrada. Pero varios investigadores lo dudan. Componentes como tanques y ruedas de reacción están hechos de titanio, un metal que no se derrite fácilmente a las temperaturas de reentrada.

En marzo de 2024, un fragmento de una paleta de baterías de la Estación Espacial Internacional atravesó el techo de una casa en Florida. La NASA había asegurado que se quemaría por completo.

Las reglas actuales exigen que la probabilidad de que un fragmento sobreviva sea menor a 1 en 10,000. "Pero si tienes 10,000 satélites, la probabilidad de que UNO sobreviva es muy alta", señala Clemens Müller, también del equipo de Stuttgart. "Las reglas deben ser más estrictas."

El problema que nadie quiere ver

Mientras Elon Musk presume de su constelación de 12,000 satélites y China planea 140 lanzamientos este año, el impacto ambiental de toda esta infraestructura espacial apenas comienza a estudiarse.

No estamos hablando de dejar de lanzar satélites. Necesitamos internet satelital, comunicación global, observación terrestre. Pero la industria espacial necesita diseñar satélites que no contaminen cuando mueran, o al menos entender mejor qué está pasando allá arriba.

Porque el cielo no es infinito. Y la capa de ozono tampoco.

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