El ex-príncipe Andrew demandó a la policía y se juega todo este jueves

Palacio de Westminster en Londres, sede de los tribunales britanicos
Los tribunales de Londres son el nuevo frente del caso Epstein en el Reino Unido

Un hombre al que la corona le quitó el título, la fortuna y hasta el apellido honorífico hace menos de un año acaba de sentarse en la mesa de los demandantes. Y lo hace por la razón más improbable posible: queja de la policía que lo fichó.

Andrew Mountbatten-Windsor, el ex-príncipe de la casa real británica, acaba de lanzar un recurso de revisión judicial en el Alto Tribunal de Londres para anular las órdenes de registro que se emitieron el 18 de febrero de 2026 y que dieron pie a los cateos de su casa en Sandringham y su antigua residencia Real Lodge, en Windsor.

La vista a puerta cerrada es el jueves 8 de octubre. Y el detalle más jugoso: Thames Valley Police, la policía que lo investigó y lo arrestó, presentó su propia solicitud para restringir el acceso a los documentos del caso. La policía y el acusado, pidiendo lo mismo en el mismo expediente, por motivos opuestos.

Por qué un ex-príncipe necesita una orden judicial para entrar a tu casa

Reconstruyamos la secuencia, porque aquí está el ángulo que casi nadie está contando.

El 18 de febrero de 2026, un juez de la Corte Penal Central de Londres —la Old Bailey— emite las órdenes de registro. Al día siguiente, 19 de febrero, la policía arresta a Andrew por sospecha de conducta indebida en el cargo público. Fue liberado horas después, ese mismo día, pero sigue bajo investigación siete meses después. Tiene 66 años y niega todo.

Y aquí está el punto que incomoda: lo que se le acusa no es un delito sexual. Es un delito de divulgación de información. Haber compartido datos sensibles con Jeffrey Epstein durante sus años como representante comercial del Reino Unido para Inversiones y Exportaciones, un cargo que lo llevó a codearse con el billionaire estadounidense que murió en una celda de Nueva York en 2019.

La pregunta que nadie quiere responder es simple: ¿cómo es posible que un hombre con acceso a Palacio, con alfombras rojas en cenas de Estado y con un séquito diplomático completo, compartiera datos confidenciales de su propio gobierno con un proxenetismo convictorio?

Y la segunda, más incómoda todavía: ¿por qué, ocho años después de la muerte de Epstein, nadie había investigado eso?

La demanda que nadie esperaba

La ironía jurídica es fina, y merece la pena desarmarla.

La corona le quitó todos sus títulos en 2025 tras las conclusiones de la investigación pública sobre sus vínculos con Epstein. Perdió los ingresos del ducado, las rentas de la finca, las inmunidades reales y hasta el derecho a usar el vocablo "Su Alteza Real". Lo dejaron sin título y sin fuente de ingresos independiente.

Y ahora, sin nada que perder jurídicamente relevante, ese mismo hombre le disputa al propio Estado británico el monopolio de una orden de cateo. Si gana, la evidencia recogida en Sandringham y Windsor queda formalmente anulada desde su origen. Si pierde, su propia defensa se convierte en documento público de alcance nacional.

Thames Valley Police intentó bajar el tono en un comunicado: "Mientras nuestra investigación sobre conducta indebida en el cargo público continúa, estamos inmersos en proceedings relacionados con órdenes obtenidas previamente. Sería inadecuado comentar más mientras el proceso está en curso."

Traducción: "esto puede romperse y nosotros también tenemos cosas que proteger en ese expediente".

El dinero que sigue moviéndose

Mientras el Alto Tribunal debate si los cateos fueron legales, otras piezas del rompecabezas siguen corriendo en paralelo:

• La familia Giuffre, cuyo testimonio de 2019 incluyó la grabación que tumbó al periódico British News, sigue exigiendo al Rey Carlos III que se reúna con supervivientes de Epstein en Estados Unidos.

• El acuerdo de 72,5 millones de dólares de Bank of America, donde abogados de supervivientes siguen buscando reclamantes que aún no se han dado a conocer.

• Una investigación británica sobre si Epstein usó bases de la RAF —la Fuerza Aérea real— para mover a sus víctimas entre continents, un ángulo que nadie ha tocado en la prensa generalista.

• El expediente de Trump, que resucita cada pocas semanas y nunca termina de cerrarse. Nada de eso está en los cargos actuales, pero nada de eso está cerrado tampoco.

Lo que se decide el jueves

Un tribunal de Londres decidirá si le permite a Andrew Mountbatten-Windsor impugnar su propia búsqueda. La vista es privada. El caso es excepcional por partida triple: está la corona, están las víctimas, está Scotland Yard.

Mi opinión es incómoda pero la digo igual: esto no es un hombre defendiendo su honor, es un hombre defendiendo su expediente.

Cada línea de las órdenes del 18 de febrero tiene un nombre, una hora y una cadena de custodia. Si anulas el origen, muere todo lo que vino después. Y ese es exactamente el problema: el público lleva meses mirando el circo de las sagas reales mientras el documento más importante del caso sigue en un cajón judicial.

El ex-príncipe perdió su título, su dinero y su apellido de honor. Lo único que le queda es un juez en Londres y una palabra: quash, "anular".

¿Tú crees que un hombre que ya perdió todo debería poder demandar al Estado para borrarles las pruebas? Dinos en los comentarios.

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