Fue periodista 21 anos y ahora es rey: la disputa sucesoria que divide Uganda

Multitud reunida en una ceremonia tradicional en Africa
Tooro es uno de los cuatro reinos historicos reconocidos oficialmente de Uganda.
Multitud reunida en una ceremonia tradicional en Africa
Tooro es uno de los cuatro reinos historicos reconocidos oficialmente de Uganda.

Un hombre que pasó 21 años entrevistando presidentes, ministros y generales en la Televisión de Uganda acaba de caminar 4 kilómetros hasta un palacio real para que le pongan una corona en la cabeza. Y lo importante no es lo que pasó en la ceremonia: es lo que pasó después, en la familia del rey al que enterraron hace un mes.

El día que se leyó un testamento y nadie apareció

Edward Rukidi Kijanangoma Nyabongo I tiene 56 años, se graduó en comunicación en la Makerere University en 1999 y pasó dos décadas y un mes entre la corporación de radiodifusión de Uganda, una cadena de Ruanda y la red CBC. Para cualquier ugandés era un nombre de confianza en la pantalla. Nunca un príncipe. Nunca un heredero.

Hasta el mes pasado, cuando murió Oyo Nyimba Kabamba Iguru Rukidi IV, el rey que fue coronado a los tres años de edad en 1995 y gobernó durante 31 años. Murió de cáncer a los 34. El trono quedó vacío y Uganda entera supo que venía una guerra familiar.

El problema es que Oyo dejó un testamento. Según miembros cercanos de la familia real, ese documento nombraba heredero a un hijo pequeño. La Corona Matriz, Kemigisa, madre del rey muerto, protegió el documento y pidió que se respetara sin discusión.

21 personas, un voto, y un hijo que nadie presenta

En Tooro la sucesión no la decide un juez ni un parlamento. La decide un comité de 21 miembros del clan Babiito, que aplica una tradición de más de dos siglos. El comité se reunió, evaluó candidatos y proclamó a Kijanangoma.

El hijo de Oyo nunca fue presentado ante el comité. Nadie sabe cómo se llama, dónde está ni si existe legalmente como heredero. El ministro de Información del reino lo puso así de directo: el hecho de que nadie lo haya presentado "significa que hay una aceptación creciente de que, por muy triste que sea, el rey Oyo no dejó un hijo".

Kemigisa no lo aceptó. En una publicación en X llamó a la elección el "anuncio de un segundo rey" hecho después de que el testamento de su hijo fuera leído a la familia. Y lanzó la frase más difícil de defender para cualquier gobierno:

"Como madre, eso fue extraordinariamente doloroso. Las celebraciones del próximo rey ocurrieron a pocos metros de donde yacía el cuerpo de mi hijo."

La monarquía que oficialmente no existe

Para la política interna ugandesa esto es, en teoría, un detalle. Un rey de Tooro no tiene autoridad legal formal: Uganda abolió los reinos en 1967 y Yoweri Museveni los restauró en los años 90 como pieza de orgullo cultural y, según críticos, de clientelismo político.

Pero la influencia social es real. Museveni asistió a la coronación. Su hijo, Muhoozi Kainerugaba, jefe del ejército, escribió públicamente "que reinare por largos años". El Fiscal General Sam Mayanja autorizó legalmente la ceremonia porque no se había presentado ninguna reclamación formal. El gobierno eligió bando, y lo eligió rápido.

El detalle más raro de todos

Antes de ser proclamado, Kijanangoma estuvo a punto de rechazar la corona. El capitán y portero del South East Dons, un club de fútbol amateur de una de las divisiones de la liga inglesa, estaba entre los candidatos y rehusó citando otras responsabilidades. BBC no da la razón exacta, pero el perfil del club sugiere una vida muy distinta a la de un rey tradicional.

Y aquí viene el giro que lo convierte en algo más grande que una anécdota de agencia de prensa. El nombre Kijanangoma no es arbitrario. Su padre, el primer Kijanangoma, nació el año en que Rukidi III subió al trono. El rey le dio ese nombre, que significa "el que llega con el tambor real". El tambor profetizado dos generaciones antes acaba de regresar a su portador. Su madre, Yusta Assimwe, lo crió entre el cayado y las instrucciones: "le reía, y en otros momentos lo reñía".

Por qué esto importa más allá de Uganda

Lo que está pasando en Tooro no es una exótica. Es el eslabón perdido entre la monarquía constitucional europea y los Estados rituales africanos. Uganda tiene cuatro reinos: Buganda (el mayor, incluye la capital Kampala), Bunyoro, Busoga y Tooro. Todos restaurados por Museveni. Todos con la misma pregunta abierta: es identidad cultural o arquitectura de poder clientelar?

Y ahora, por primera vez en la historia moderna de Tooro, un periodista de television, un hombre cuyo poder real siempre fue poner la palabra frente al poder, se sentó en el otro lado de la mesa. Cuando Kijanangoma juró, usó la gramática de su oficio: "Me han dado este título, pero no puedo trabajar solo. Tengo que trabajar con ustedes."

Su primera promesa real: usar los 21 años de contactos que acumuló en la redacción para "conseguir cosas buenas para mi gente". Un rey que eligió como trabajo de vida exactamente lo que hace un periodista: conectar a la gente con el poder. Ese es el ángulo más interesante, y probablemente el que nadie está cubriendo bien.

El riesgo real

Lo que viene no es una coronación: es un funeral invertido, un ritual para cerrar la división antes de que se convierta en un conflicto abierto. Kemigisa ya no es solo una abuela triste. Perdió a su hijo, perdió la legitimidad de su testamento y ve otro nombre en la misma corona. Si el hijo de Texas aparece, la disputa deja de ser doméstica y empieza a ser internacional.

Por ahora, Kijanangoma ganó. El comité de 21 dio su aval, el gobierno lo legalizó y el palacio Karuziika ya es suyo. Pero la corona de Tooro cuenta once reyes y ninguna línea recta.

La pregunta incómoda: puede un hombre que ganó su puesto interviewing presidents ser al mismo tiempo un jefe que necesita la misma crítica periodística? Un rey que promete "trabajar con ustedes" desde un trono que la familia del difunto sigue considerate ilegítimo. Es eso democracia simbólica o propaganda con capa?

Comparte esto con alguien que piense que en cualquier país hay algo más interesante que un presidente electo. Y cuéntame en los comentarios: la tradición legitima una Corona, o la tradición solo legitima a quien sabe escribirla en mayúsculas?