🗳️ Política
Nueva York acaba de prohibir las suscripciones trampa — y la multa es de $525 por usuario
Sabes esa sensación cuando intentas cancelar una suscripción y te encuentras con un laberinto de 12 pasos, botones ocultos y "retention calls" que duran 45 minutos? Nueva York acaba de ponerle fin a esa práctica — y las empresas ahora enfrentan una multa de $525 por cada usuario al que no le faciliten la cancelación.
Esto no es un chiste. La ciudad de Nueva York se convirtió oficialmente en la primera ciudad de Estados Unidos en prohibir las suscripciones trampa y los "junk fees" ocultos. La regla entra en vigor el 1 de octubre de 2026 y tiene dientes de verdad.
¿Qué exactamente prohíbe esta ley?
En términos simples: toda empresa que opere en Nueva York ahora debe ofrecer la misma facilidad para cancelar que para suscribirse. Si te dejaron activar tu suscripción con un clic, no pueden exigirte que llames, envíes una carta certificada o te presentes en una tienda física para cancelar.
Y las multas no son decorativas:
- $525 por cada usuario que no pueda cancelar fácilmente
- Reembolso de tarifas acumuladas desde que la empresa incumplió
- F adicionales por cada día que sigan sin cumplir
Un análisis del Roosevelt Institute estima que esta regla podría ahorrar a los neoyorquinos hasta $162.5 millones al año en suscripciones que no querían. Eso es dinero que las empresas estaban sacando de los bolsillos de la gente con trucos de diseño oscuro.
El problema es MÁS grande de lo que crees
Las suscripciones trampa no son solo un molestia — son un negocio multimillonario. Las empresas ganan miles de millones cada año con renovaciones automáticas que los consumidores no querían o ni siquiera sabían que tenían.
¿Alguna vez te suscribiste a una app con "7 días gratis" y olvidaste cancelar? Ese es exactamente el patrón que explotan. Apple, por ejemplo, convierte automáticamente los periodos de prueba en suscripciones de pago — y muchas apps lo saben y diseñan sus "trials" para atraparte.
Como escribió un desarrollador en los comentarios de Hacker News: "Estoy construyendo un SaaS ahora mismo y hice las elecciones 'no engañosas': cancelación en un clic desde ajustes, sin laberinto de retención, sin renovación sorpresa. Lo que me sorprendió es que todas las herramientas de facturación asumen que quieres usar patrones oscuros."
Los "junk fees" también se acabaron
Pero la ley no para en las suscripciones. También ataca los "junk fees" — esos cargos ocultos que aparecen al final del proceso de compra. Hablamos de:
- Cargos de "gestión de boiler" que los dueños de departamentos agregan a tu renta
- Tarifas de "estilo de vida" que las inmobiliarias esconden en contratos de alquiler
- Fees sorpresa en hoteles que aparecen solo en el check-in
- Cargos de "servicio" en eventos deportivos que duplican el precio real
El comisionado de protección al consumidor de Nueva York lo dijo clarito: "En lugar de competir en precio, las empresas compiten en su capacidad de ocultar el precio real. Ese es el peor tipo de incentivo posible."
¿Y qué pasó con la ley federal?
Aquí es donde la historia se pone ridícula. La administración Biden intentó implementar una regla federal de "click-to-cancel" en 2024. El US Chamber of Commerce la atacó como "un intento de microgestionar las estructuras de precios de las empresas".
Resultado: un juez federal la bloqueó en 2025, días antes de que entrara en vigor, por una cuestión procedimental. Las empresas del sector inmobiliario lograron que las tarifas de departamentos se eliminaran de la regla federal mediante lobby intensivo.
Trump's FTC planea aprobar una regla similar "en los próximos meses" — pero con la historia legislativa de EE.UU., nadie sostiene la respiración.
¿Qué significa esto para Latinoamérica?
En Latinoamérica no tenemos estas protecciones. Las suscripciones trampa están por todos lados: desde tu gimnasio que no te deja cancelar por WhatsApp, hasta la app de streaming que renueva "automáticamente" cada mes sin avisarte.
El caso de Nueva York demuestra que se puede legislar contra estas prácticas — y que la gente lo celebra. El alcalde Zohran Mamdani lo presentó como parte de una lucha más amplia contra la crisis de asequibilidad, y tiene todo el sentido: si la gente está pagando $162 millones al año en suscripciones que no quiere, eso impacta directamente en su capacidad de pagar renta, comida y transporte.
Mientras tanto, en Latinoamérica seguimos pagando precios de "premium" con la calidad de los 2000s.
La lección real
Esta historia tiene un takeaway enorme para desarrolladores y empresas: si tu modelo de negocio depende de que el usuario no pueda cancelar, no tienes un negocio — tienes una estafa.
Como dijo el desarrollador de SaaS en HN: las herramientas de facturación ya vienen configuradas por defecto para facilitar los patrones oscuros. Toda la industria está diseñada para atraparte. Cambiar eso requiere que alguien — como Nueva York — ponga las reglas del juego.
¿Crees que tu país debería implementar algo similar? ¿O prefieres seguir pagando esa suscripción que olvidaste hace 8 meses?
Comparte esto con alguien que todavía paga por una suscripción que nunca usa. 🫠