EE.UU. sanciona a la Corte Penal Internacional horas después de que la Nobel de la Paz fuera su juez

Mazo de juez y balanza de la justicia sobre fondo oscuro
La Corte Penal Internacional de La Haya, en el centro de la tormenta entre Washington y la justicia global.

El viernes 9 de octubre pasará a la historia como el día en que la paz y la política exterior de Washington chocaron de frente. La Corte Penal Internacional (CPI) amaneció sancionada por EE.UU. horas después de que una de sus exjuezas, Navanethem “Navi” Pillay, ganara el Premio Nobel de la Paz 2026. Sí, leíste bien: mientras Oslo premiaba a la jurista sudafricana por décadas de lucha contra la impunidad, la Casa Blanca lanzaba su campaña más agresiva contra el tribunal de La Haya.

¿Coincidencia? Los funcionarios de Trump aseguran que no fue una respuesta directa. Pero el mensaje político es imposible de ignorar: al mismo tiempo que el mundo premia el derecho internacional, la mayor potencia del planeta anuncia que quiere desmantelarlo.

¿Quién es Navi Pillay, la Nobel de la Paz 2026?

Pillay tiene 85 años y una biografía que parece sacada de una película. Fue la primera mujer en abrir un bufete de abogados en la provincia de Natal (Sudáfrica) en 1967, en pleno apartheid. Defendió a Nelson Mandela y a otros activistas antiapartheid cuando hacerlo podía costarte la vida.

Después fue la primera mujer de color en llegar a la Corte Suprema de su país, jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda y de la propia CPI, y Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

El comité noruego fue claro al explicar por qué ganó: “Es la garantía de que los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad y el genocidio sean procesados”. Su trabajo en el tribunal de Ruanda fue clave para establecer que la violación sexual puede constituir un crimen contra la humanidad.

La tormenta perfecta: Nobel + sanciones el mismo día

El anuncio del comité llegó a las 11:00 en Oslo. En cuestión de horas, la administración Trump anunció sanciones amplias contra la CPI, incluyendo a su presidenta, la jueza japonesa Tomoko Akane, y a su abogado principal, Abdoulaye Seye.

No son sanciones simbólicas: implican bloqueo de activos, prohibición de entrada a EE.UU. y castigo para cualquier persona o banco que haga negocios con los sancionados. El secretario de Estado, Marco Rubio, prometió “desmantelar la CPI ladrillo por ladrillo”.

El detalle que nadie quiere perder de vista: la CPI es el único tribunal internacional capaz de juzgar a líderes por genocidio y crímenes de guerra. Para medio planeta es la última línea de defensa de los derechos humanos; para Washington, una amenaza a su soberanía.

El expediente que cambió todo: el informe de Gaza

Pillay presidió la Comisión de Investigación de la ONU sobre el territorio palestino ocupado. Su conclusión fue contundente: Israel es responsable de actos de genocidio en Gaza, incluyendo al presidente, al primer ministro y al exministro de Defensa israelíes por incitar la comisión de esos actos.

“Lo último que hice fue entregar el informe sobre Gaza, nombrando lo que está pasando como genocidio”, dijo Pillay en Nuremberg, el mismo salón donde se juzgó a los líderes nazis. “¿Por qué necesitarías coraje para decir la verdad?”, preguntó.

Israel reaccionó calificando el Nobel de “instrumentalización grotesca de un premio para legitimar el odio antisionista”. Y fue ese informe —precisamente— lo que convirtió a la CPI en enemiga pública número uno para Washington.

¿Qué significa esto para América Latina?

Aquí es donde la historia nos toca de cerca. La CPI es el tribunal que ha procesado a dictadores y criminales de guerra de todo el mundo, y varios países latinoamericanos son parte de su Estatuto de Roma.

Si EE.UU. logra vaciar de poder al tribunal, las víctimas de crímenes atroces en nuestra región —y en todo el Sur Global— pierden su última instancia de justicia. El mensaje que manda Washington no es solo para La Haya: es para cualquiera que se atreva a juzgar a los poderosos.

La paradoja es brutal. El mismo viernes, el Nobel de la Paz premió a la persona que más ha hecho por procesar genocidios, y EE.UU. sancionó al tribunal que los persigue. O el derecho internacional importa, o no importa. Washington acaba de decir en voz alta cuál es su respuesta.

Y tú, ¿qué opinas: puede sobrevivir la justicia internacional cuando la mayor potencia del mundo la declara su enemiga? Comparte esto si crees que el derecho internacional no debería doblegarse ante ninguna superpotencia.