Lindsey Graham muere a los 71 años — el senador que se convirtió en escudero de Trump deja una lección brutal sobre el poder

Capitolio de Estados Unidos en Washington DC
El Capitolio de EE.UU., donde Lindsey Graham sirvió como senador por Carolina del Sur durante 23 años.

Lindsey Graham, el senador republicano por Carolina del Sur, ha muerto a los 71 años tras una "breve y repentina enfermedad", confirmó su oficina este domingo. Donald Trump dijo que Graham era "como de la familia".

Pero la historia de Graham no es solo la de un político que murió. Es la historia de cómo un hombre cambió por completo sus convicciones por el poder — y esa lección sirve para cualquiera en cualquier país del mundo.

Porque Lindsey Graham no siempre fue el escudero de Trump. De hecho, empezó siendo su crítico más feroz.

El crítico que se volvió escudero

En 2016, Lindsey Graham llamaba a Trump "racista", "xenófobo" y "un peligro para el país". Dijo que votar por Trump sería "como pedirle a Hitler que manejara el holocausto". Incluso apoyó a Ted Cruz en las primarias.

Ocho años después, Graham era el defensor más feroz de Trump en el Senado. Lo defendía en cada juicio político, en cada escándalo, en cada crisis. No hubo un solo momento en que Graham dudara públicamente de Trump, incluso cuando otros republicanos se alejaban.

¿Qué pasó entre 2016 y 2020 que transformó a un crítico en un escudero?

Graham entendió algo que muchos políticos nunca entienden: en política, la lealtad lo es todo. Y Trump no olvida. Graham se dio cuenta de que su futuro en el partido dependía de Trump y se entregó por completo. No por ideología. Por supervivencia.

Un legado lleno de contradicciones

La carrera de Graham es un estudio en contradicciones. Fue el arquitecto de la reforma migratoria bipartidista de 2013 (el "Gang of Eight") que habría dado un camino a la ciudadanía a 11 millones de inmigrantes indocumentados. Esa ley pasó el Senado con 68 votos pero murió en la Cámara de Representantes. Para la comunidad latina, ese fracaso fue devastador.

También fue el martillo de los jueces conservadores. Como presidente del Comité Judicial del Senado, aceleró la confirmación de más de 200 jueces federales durante la era Trump, incluyendo los tres conservadores de la Corte Suprema. Ningún otro senador tuvo tanto impacto en el sistema judicial estadounidense en el último siglo.

En política exterior, era un halcón implacable. Pidió intervención militar en Siria, Irán, Venezuela y Corea del Norte. Fue de los pocos republicanos que mantenía una línea dura contra Rusia mientras defendía a Trump de las acusaciones de colusión con Moscú.

Lo que su muerte cambia en Washington

La muerte de Graham deja un escaño vacío en Carolina del Sur. El gobernador Henry McMaster (republicano) nombrará un reemplazo temporal hasta las elecciones especiales. Pero el verdadero impacto está en el equilibrio del Senado, donde los republicanos tienen una mayoría tan frágil que un solo escaño puede definir la agenda legislativa de los próximos años.

Más allá de los números, su muerte deja un vacío en el ala más compleja del Partido Republicano: la de los que criticaban a Trump en privado pero lo defendían en público.

La lección que nadie te dice sobre el poder

La historia de Lindsey Graham no es única. Es la historia de casi todos los políticos que rodean a líderes autoritarios alrededor del mundo: empiezan criticando, terminan defendiendo lo indefendible.

En Latinoamérica conocemos bien ese patrón. Lo vimos con los que rodearon a Maduro, a Ortega, a Correa, a Bukele. Gente que empezó en la oposición y terminó siendo el escudero más leal del régimen. Graham es el caso estadounidense de ese mismo fenómeno.

La diferencia es que en EE.UU. el sistema aún tiene contrapesos — aunque cada vez más débiles. La muerte de Graham es un recordatorio de que el poder no corrompe solo a los dictadores: corrompe también a quienes los rodean.

Graham eligió el poder sobre los principios. Y aunque eso le dio influencia durante una década, su legado quedó manchado por las mismas contradicciones que él criticaba en 2016.

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¿Tú qué opinas: Lindsey Graham fue un oportunista o un político que hizo lo que tenía que hacer para sobrevivir? Déjalo en los comentarios.