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Moana le costó $200M a Disney y recaudó $40M en su fin de semana — la gente ya no traga remakes
Si hay una industria que vive de la nostalgia, esa es Hollywood. Pero la nostalgia tiene un límite, y Disney acaba de encontrarlo con la peor señal de todas: números rojos.
El live-action de Moana — una de las películas animadas más queridas de la última década, protagonizada por Dwayne "The Rock" Johnson en su rol más taquillero — acaba de aterrizar en cines con una recaudación estimada de $40 a $45 millones en su fin de semana de estreno en Estados Unidos.
Suena razonable, ¿verdad? No lo es. Moana costó más de $200 millones producirla. Y para ponerlo en perspectiva, Moana 2 (la secuela animada, no el remake) abrió con $225 millones en 5 días. Estamos hablando de una caída del 80% en el interés del público.
Disney no está acostumbrada a perder dinero con sus franquicias. Pero después de La Sirenita ($299M global), Blancanieves ($87M global — un desastre absoluto), Lilo & Stitch ($211M, apenas por encima del punto de equilibrio), y ahora Moana proyectada a unos $130M globales en su primer fin de semana, el patrón es inconfundible:
El público ya no quiere pagar por ver la misma historia con actores reales.
¿Qué salió mal?
Tres cosas, y todas son culpa de Disney.
Primero: saturación de remakes. Disney lleva 15 años produciendo versiones live-action de sus clásicos animados. En algún momento entre El Rey León (2019, $1.6B) y La Sirenita (2023, $569M), la magia se rompió. Lo que antes era un evento se volvió una fórmula industrial.
Segundo: las críticas no ayudaron. Las reseñas tempranas describen la película como "una copia al carbón" del original animado, con pocas innovaciones artísticas y un guion que no justifica su existencia más allá de la nostalgia. La audiencia moderna — la misma que abarrotó Oppenheimer y Dune: Part Two — ya no premia la repetición.
Tercero: Dwayne Johnson ya no es infalible. A pesar de ser la estrella mejor pagada de Hollywood, The Rock viene de una racha irregular: Red One no cumplió expectativas, Black Adam fracasó en taquilla, y ahora Moana se suma a una lista de proyectos que no lograron convertir su carisma en boletos vendidos.
El contexto duele más que la cifra
Moana 2, la secuela animada lanzada en 2024, recaudó $389 millones globales en su primer fin de semana. La versión live-action ni siquiera alcanzó un tercio de eso. Y el mercado internacional tampoco la salvó: en China, donde Moana 2 arrasó, la versión live-action abrió en segundo lugar detrás de una producción local.
Los datos de tracking preliminares ya mostraban señales de alarma: solo $4.5 millones en preventas de jueves para una película que necesitaba un opening de $80M+ solo para no ser considerada un fracaso. Pero Disney siguió adelante con su máquina de marketing, confiando en que la nostalgia — otra vez — haría su trabajo.
No fue suficiente.
¿Se acabó la era de los remakes?
No completamente. Barbie demostró que la nostalgia puede ser creativa y original. Top Gun: Maverick mostró cómo honrar el pasado sin repetirlo. Pero Disney no está haciendo eso. Está haciendo fotocopias de $200 millones y esperando que el público no note la diferencia.
El problema es que el público ya notó. Y está votando con su billetera.
La pregunta ahora es: ¿Disney aprenderá la lección o seguirá invirtiendo millones en más remakes como Hércules, Enredados y El jorobado de Notre Dame que ya tiene en desarrollo?
Si los números de Moana son una señal, la respuesta debería ser un rotundo no. Pero esto es Hollywood, donde las lecciones cuestan $200 millones y se aprenden muy, muy lento.
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