Cuatro universitarias asesinadas en 7 meses: el feminicidio que puso a México contra las cuerdas

Marcha de estudiantes exigiendo justicia en México
Estudiantes de la UAEM marcharon en Cuernavaca exigiendo justicia por el feminicidio de Claudia Tacoronte.

Cuatro estudiantes asesinadas en siete meses. Todas en la misma universidad. Ese es el dato que México ya no puede esconder.

La última era Claudia Tacoronte, una española de 21 años de intercambio en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). La mataron en Cuautla, a plena luz de la violencia que consume al estado. La noticia cruzó el Atlántico en horas.

Lo que empezó como un caso local terminó convertido en una crisis diplomática. España exigía justicia. En Cuernavaca, cientos de estudiantes marcharon con pancartas y el nombre de Claudia en la boca. Y la pregunta incómoda quedó flotando: ¿cuántas muertas hacen falta para que algo cambie?

Un patrón, no una tragedia aislada

La propia UAEM confirmó lo que muchos sospechaban: cuatro alumnas han sido asesinadas en apenas siete meses. No es mala suerte. Es un patrón.

La Fiscalía de Morelos giró una orden de aprehensión y detuvo a un sospechoso, acusado del delito de feminicidio. Pero el arresto no calmó el dolor ni la rabia. Para las víctimas, llegar tarde nunca es justicia.

México registra alrededor de 10 mujeres asesinadas cada día, según las cifras que las organizaciones civiles repiten hasta el cansancio. Solo una fracción se investiga formalmente como feminicidio. El resto engrosa una estadística de impunidad que ronda el 90%.

Cuando el miedo se vuelve rutina

Estudiar debería ser un acto de curiosidad. En México, para miles de jóvenes, se ha convertido en un acto de valentía.

Las universidades se han transformado en escenarios de una violencia que no distingue nacionalidad. La estudiante española murió igual que las mexicanas: caminando por una ciudad que prometía ser tranquila.

El impacto va más allá de Morelos. Ser mujer en América Latina sigue siendo un factor de riesgo estadístico, no un dato anecdótico. Los índices de la región están entre los más altos del planeta, y los sistemas de justicia, entre los más lentos.

El costo de mirar para otro lado

Las autoridades han repetido el guión de siempre: investigaciones “exhaustivas”, compromiso con la verdad, protocolos con perspectiva de género. Mientras tanto, los cuerpos siguen apareciendo.

La presión internacional —esta vez desde España— añade una capa de urgencia política. Cuando la víctima lleva pasaporte europeo, el caso sube a los titulares mundiales. Cuando es local, demasiadas veces se archiva.

Esa es la parte más incómoda: el valor de una vida no debería depender de la bandera de su pasaporte.

Opinión: no es un problema de seguridad, es de impunidad

México no tiene un problema de “oleadas” de violencia. Tiene una máquina de impunidad que funciona bien, rápido y casi siempre a favor del agresor. Cada caso sin resolver le enseña al siguiente que puede actuar sin consecuencias.

Y mientras ese ciclo no se rompa, ninguna marcha, decreto ni comunicado devolverá a esas cuatro estudiantes.

Si algo queda claro es que el silencio ya no es una opción. Los nombres no se borran. La memoria incomoda, y ahí está su poder.

Comparte esto si crees que ninguna estudiante debería morir por el lugar donde estudia. Porque la indiferencia también mata.

¿Y tú? ¿Cuántas veces has visto una noticia así y has seguido con tu día? Te leo en los comentarios.