🔓 Open Source
Me arrepiento de haberme mudado a Codeberg — y el motivo debería preocupar a todo el open source
Hay un momento en la vida de todo desarrollador en el que mirás GitHub y decís: basta.
La interfaz se volvió una pesadilla de JavaScript. Microsoft es dueña de tu código, de tus repos, de tu historial, de tu identidad como dev. Y lo peor: sabés que si mañana a Microsoft se le ocurre banear tu cuenta, perdés todo.
No son teorías conspirativas. Pasó. Cientos de desarrolladores perdieron sus cuentas de GitHub por decisiones arbitrarias de Microsoft, sin apelación, sin explicación. Y en ese contexto, Codeberg apareció como la tierra prometida: sin ánimo de lucro, sin corporaciones, sin censura.
Un desarrollador anónimo migró todos sus proyectos a Codeberg hace meses. Hoy publicó un post que explotó en Hacker News con 386 puntos y 295 comentarios. El título lo dice todo: «Me arrepiento de haberme mudado a Codeberg».
Y la razón no es lo que esperabas.
La trampa del refugio ético
Codeberg no es una empresa. Es una asociación sin fines de lucro alemana que corre Forgejo, un fork de Gitea. Prometía ser todo lo que GitHub dejó de ser: rápido, gratuito, abierto, sin publicidad, sin vigilancia corporativa.
Pero hace semanas, Codeberg actualizó sus términos de servicio y agregó dos prohibiciones que cambiaron todo:
- Prohibición de proyectos impulsados por IA/LLM (29 de junio, Asamblea 2026)
- Prohibición de proyectos de criptomonedas (2 de julio, misma asamblea)
Dos categorías enteras de software, borradas de un plumazo. No porque sean ilegales. No porque violen derechos de autor. Sino porque, según Codeberg, «dañan la reputación de la plataforma».
El problema no es la prohibición — es el precedente
El autor del post lo explica mejor que nadie: lo preocupante no es que hayan prohibido LLMs o crypto. Es que una plataforma construida sobre la filosofía del software libre ahora decide qué tipo de software es «bueno» y cuál «malo».
En sus propias palabras: «Una vez que una plataforma escribe en sus términos que una categoría entera 'daña su reputación' y puede ser eliminada por esa razón, el factor decisivo deja de ser si el código es legal, funcional o útil, y pasa a ser si se alinea con una posición ideológica».
Traducción: hoy son LLMs y crypto. Mañana puede ser cualquier cosa que al equipo de Codeberg no le guste. Software político. Software de armas. Software que «no tenga comunidad».
La ironía más cruel del open source
Lo más absurdo de todo es que el anuncio de Codeberg incluye una sección titulada «El equipo de desarrollo de nadie» donde básicamente dice que los proyectos personales hechos por una sola persona no tienen comunidad real, y que los LLM te dan la ilusión de tener un equipo cuando estás solo.
El autor del post contraataca: «He estado publicando herramientas inútiles durante décadas, antes de que existiera GitHub, y ninguna ha tenido una comunidad alrededor. Soy un lobo solitario que codifica todo a mano, y la noción de que un LLM es lo que separa un proyecto real de uno falso no se sostiene».
Y remata con una joya: Codeberg vive dentro de la burbuja de Forgejo, que heredó su comunidad de contribuyentes de Gitea —un proyecto que tardó seis años en construir esa comunidad antes de que Forgejo existiera. Una plataforma que adquirió su comunidad bifurcando el trabajo de otros se da el lujo de sermonear a desarrolladores solitarios sobre no tener comunidad. La hipotenusa.
¿Y ahora adónde vas?
Esa es la pregunta incómoda que este post deja sobre la mesa. Huiste de Microsoft porque GitHub se enshitteó. Huiste de SourceForge antes porque se llenó de adware. Ahora Codeberg también te cierra la puerta.
El problema de fondo es que no hay una plataforma de código abierto verdaderamente neutral. Todas tienen dueño. Todas tienen sesgos. Todas, eventualmente, deciden quién es bienvenido y quién no.
SourceHut sigue siendo la opción más respetuosa con la privacidad, pero es paga y tiene su propio conjunto de reglas. GitLab es corporativo. Self-hosting siempre es una opción, pero requiere tiempo, dinero y mantenimiento que no todo el mundo tiene.
La conclusión es dura: el mito de la plataforma ética neutral no existe. Toda plataforma es un jardín con paredes. La única diferencia es qué tan altas son las paredes y quién decide qué plantas se quedan.
Comparte esto con alguien que todavía cree que existe un GitHub ético.