Nadie te dice esto sobre multiplicar: los matemáticos llevan 66 años sin encontrar la forma más rápida

Pizarra con fórmulas matemáticas y números abstractos
La multiplicación parece simple, pero su límite teórico sigue siendo uno de los grandes misterios de las matemáticas computacionales. Foto: Unsplash

Tu computadora multiplica números millones de veces por segundo. Cada vez que ves un video en YouTube, editas una foto, juegas algo en 3D o haces una búsqueda en Google, hay multiplicaciones ocurriendo por debajo. Y sin embargo, 66 años después de que un estudiante de 23 años revolucionara todo lo que creíamos saber sobre esta operación, los matemáticos aún no saben si existe una forma más rápida de hacerlo.

No es un detalle académico sin importancia. La multiplicación es la columna vertebral de la computación moderna. Cualquier mejora en su eficiencia tiene consecuencias económicas globales. Y el hecho de que no sepamos si estamos en el límite — o si podemos ir más allá — debería importarte, aunque nunca más vayas a multiplicar a mano.

Lo que aprendiste en el colegio está mal (o al menos no es óptimo)

Cuando multiplicas dos números de tres dígitos usando el método de "poner uno arriba del otro", estás usando un algoritmo que la humanidad conoce desde hace milenios. Los matemáticos de la antigua Grecia, los sabios de la India clásica y los comerciantes del Renacimiento multiplicaban exactamente igual que tú.

Ese método tiene una complejidad de O(n²): si los números son el doble de largos, el esfuerzo se cuadruplica. Si son mil veces más largos, el esfuerzo se multiplica por un millón. Durante siglos, nadie cuestionó que esa fuera la forma más rápida posible.

Hasta que llegó Anatoly Karatsuba.

El estudiante que humilló a la élite matemática soviética

Corría 1960 en la Universidad Estatal de Moscú. El legendario matemático Andrey Kolmogorov — uno de los más grandes del siglo XX — dio una conferencia planteando una conjetura: O(n²) es el límite infranqueable de la multiplicación. Nadie podía hacerlo más rápido.

Un estudiante de 23 años llamado Anatoly Karatsuba estaba en el auditorio. Una semana después, regresó con la demostración de que Kolmogorov estaba completamente equivocado.

Kolmogorov, para su crédito, reconoció el error de inmediato. Quedó tan impresionado que escribió él mismo el paper formal y lo envió a publicar con Karatsuba como único autor. Karatsuba solo se enteró de que tenía un artículo en la prestigiosa Proceedings of the USSR Academy of Sciences cuando recibió las separatas por correo.

El truco: intercambiar multiplicaciones por sumas

La genialidad de Karatsuba fue darse cuenta de que puedes reemplazar multiplicaciones costosas por sumas baratas. Sumar dos números de n dígitos toma O(n) — un solo barrido de izquierda a derecha. Multiplicarlos toma mucho más.

Su algoritmo reduce el problema de cuatro multiplicaciones a tres, aplicando el truco recursivamente. El resultado: un algoritmo de complejidad O(n^1.58). Para números de mil dígitos, el método tradicional necesita un millón de multiplicaciones individuales; Karatsuba necesita menos de 57,000.

Python lo usa hoy: si revisas el código fuente de Python, verás que para números de hasta ~630 dígitos decimales usa el método del colegio, pero a partir de ahí cambia automáticamente al algoritmo de Karatsuba.

Una carrera de 66 años que sigue abierta

El descubrimiento de Karatsuba desató una competencia entre matemáticos que dura hasta hoy. Cada década trajo una mejora:

El algoritmo de Harvey y van der Hoeven (2019) es tan eficiente que multiplicar dos números enormes toma apenas un poco más de tiempo que leerlos. Es un resultado impresionante... con una trampa gigante.

El problema: solo funciona con números galácticos

El algoritmo de 2019 solo supera a los anteriores cuando los números tienen más dígitos que átomos tiene el universo observable. En la práctica, es inútil. Los algoritmos anteriores siguen siendo los que realmente usan las computadoras.

Pero eso no le quita importancia: allanó el camino para una pregunta que hoy obsesiona a los teóricos: ¿se puede llegar a O(n)? ¿O incluso a algo más rápido?

Hoy, la mayoría de los matemáticos computacionales cree que O(n log n) es el límite definitivo. Pero como demostró Karatsuba en 1960, el consenso general no es una prueba matemática. Las conjeturas sobre el límite de la multiplicación ya han sido derribadas antes.

¿Por qué debería importarte?

Porque vivimos en un mundo de datos masivos. Cada vez que un modelo de IA procesa información, que un banco ejecuta una transacción cifrada, o que un motor de búsqueda indexa la web, hay multiplicaciones ocurriendo en una escala que tu cerebro ni siquiera puede procesar.

Una mejora en la multiplicación no es solo un logro académico. Es eficiencia energética para centros de datos, velocidad para aplicaciones científicas, y capacidad para problemas que hoy son intratables. El Santo Grial — un algoritmo O(n) — revolucionaría la criptografía, la simulación científica y el machine learning.

Y aunque el algoritmo perfecto siga siendo un misterio, la historia de Karatsuba nos recuerda algo incómodo: tal vez el método que usas todos los días para multiplicar no sea el mejor posible, y un estudiante de 23 años pueda demostrarlo en una semana.

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