Londres gastó £320,000 en cámaras que no atraparon a nadie — y ahora serán permanentes

Cámaras de vigilancia y reconocimiento facial en una estación de transporte de Londres
El West End de Londres tendrá cámaras fijas de reconocimiento facial en vivo para diciembre de 2026.

Le costó al contribuyente británico más de £320,000 y casi 100 horas de oficiales de policía, escaneó más de medio millón de rostros en estaciones de Londres y no arrestó a nadie. La única alerta que disparó el sistema resultó ser un falso positivo.

No es una portada de dimensión catastrófica. Es un documento de acceso a la información pública obtenido por Liberty Investigates y publicado este martes por The Guardian — y contiene los números exactos que faltaban en el debate sobre reconocimiento facial en vivo en el Reino Unido.

La pregunta ya no es si la tecnología funciona. La pregunta es si alguien está dispuesto a pagar por ella sin resultados.

£320,786 por una única coincidencia equivocada

Entre febrero y julio de este año, la British Transport Police (BTP) desplegó reconocimiento facial en vivo (LFR) en 18 puntos de las estaciones ferroviarias más concurridas de la capital británica. El objetivo declarado: capturar a infractores y personas que incumplen órdenes judiciales, con foco en la violencia sexual contra mujeres.

El resultado oficial, según los propios números de la policía:

Una tasa de acierto de 0% y una tasa de error de 100%. Y como la muestra fue de un solo evento, la estadística es demoledora: la única coincidencia fue incorrecta. Un hombre que no estaba en ninguna lista quedó marcado como sospechoso.

El truco de los "arrestos asociados"

Cuando la prensa preguntó por los resultados, la BTP respondió que sí hubo arrestos:

Asalto, robo, posesión de arma ofensiva, incumplimiento de una orden de conducta criminal y delitos contra el orden público.

Pero la propia policía añadió la letra pequeña: esos arrestos no resultaron directamente de una alerta de LFR, y por eso no aparecen en los datos de rendimiento. Traducido: atraparon a gente porque los oficiales estaban ahí, no porque una máquina la reconociera. La cifra de "éxito" del sistema es, técnicamente, cero.

Es el mismo argumento que se usó en Croydon y en el Carnaval de Notting Hill. Y en todos los casos, los números reales fueron bastante menos impresionantes que el titular.

La paradoja de Facewatch

La ironía más fuerte la sirvió Fraser Sampson, ex comisionado de biometría y cámaras de vigilancia del Reino Unido, hoy director de Facewatch, una empresa que vende reconocimiento facial para tiendas:

Cómo funciona en un supermercado es que no entren ladrones. Cómo funciona para la policía es que la gente sea detenida. En ese sentido, el ensayo no parece haber sido muy fructífero.

Es la distinción clave y casi nadie la hace. En una tienda, el éxito significa que nadie roba y la cámara no retiene nada. En una estación de transporte público, el éxito solo existe si hay una orden judicial activa, y la lista de sospechosos es diminuta. El 99,99% de los pasajeros que cruzan la cámara no existen para el algoritmo.

Sampson también renovó una advertencia que la policía prefirió ignorar: el sistema procesa datos personales de categoría especial (biométricos) y tiene que demostrar proporcionalidad. "Todo depende de las listas de vigilancia. Si no estás en una lista, las cámaras de LFR no te 'ven'."

Lo peor: ahora serán permanentes

La parte que debería asustarte no es el ensayo. Es lo que viene.

La policía de transporte también reconoce que desde la extensión hubo tres alertas confirmadas de personas que cumplían órdenes de prevención de abuso sexual. Ese es el argumento de que "ahora sí funciona". Pero son tres en semanas, no en seis meses, y no podemos saber cuántos falsos negativos hubo en el camino.

Lo que viene para tu cara

El marco legal ya se está moviendo. El Comité Conjunto de Derechos Humanos del Parlamento británico llamó al reconocimiento facial en vivo como "un ejemplo particularmente claro de riesgo" y recomendó una ley específica sobre IA y derechos humanos. El ICO, el regulador británico de datos, ya ha avisado que los comités de supervisión llegan tarde respecto a la tecnología.

Bell Ribeiro-Addy, diputada laborista por Clapham y Brixton Hill, lo dijo sin rodeos: "Es una invasión seria de nuestra privacidad. El gobierno debería suspender el despliegue hasta que existan salvaguardas más fuertes, incluyendo un marco legal adecuado."

Mientras tanto, tú caminas por Oxford Street. Tus billetes en el metro. Tu rostro escaneado por cámaras que no te están mirando a ti, sino a una lista de personas. Y cuando la máquina se equivoca, el problema no es solo el algoritmo: es que tú no tienes ninguna forma de saber que te equivocó.

El ángulo LATAM

Esta historia no se queda en Londres. México ya opera redes de reconocimiento facial en el Metro y el Metrobús, y varios países de la región importan la misma tecnología de cámaras y biometría. La diferencia sustantiva es que en Londres existen una ley de protección de datos, un regulador (el ICO), un comisionado de biometría y solicitudes de acceso a la información pública. En buena parte de Hispanoamérica no hay ninguna de esas cuatro cosas.

La libra gastada sin resultados, al menos, quedó registrada en un documento público. Eso ya es más de lo que tenemos en casi toda la región.

Conclusión

No me opongo a la identificación biométrica en sí. Me opongo a que te gasten £320,000 para obtener un falso positivo. Si un sistema no puede demostrar que funciona, la carga de la prueba le toca a quien lo compra, no a quien lo sufre.

La gran brecha, como siempre, no es la tecnología. Es quién decide usarla y quién paga por ella cuando falla.

Comparte esto con alguien que todavía piensa que en su ciudad no están escaneando a la gente. Y si estás en LATAM, cuéntame en los comentarios qué sistema biométrico te tocó a ti.