Letonia eligio en 2026 y un partido proruso entro al parlamento con 15 asientos

Edificio del parlamento en Riga, Letonia
La Saeima tiene 100 asientos. Quince de ellos son prorusos.

Letonia votó el domingo con la guerra de Ucrania encima de la mesa y el resultado fue el que casi nadie esperaba: un partido proruso que nunca había ganado una elección entró al parlamento como tercera fuerza política del país.

Se llama Soberanía, lo lidera Jūlija Stepaņenko y se aupó con el 11.87% de los votos y 15 de los 100 asientos de la Saeima. Para ponerlo en perspectiva: sacó más votos que el partido nacionalista más antiguo de Letonia.

Ese es el dato que merece tu atención, porque en la mayoría de los países europeos el voto ruso se queda en la puerta del parlamento. En Letonia no.

Lo que pasó exactamente el domingo

La lista del primer ministro Andris Kulbergs, la Lista Unida, se llevó 283.892 votos (35.76%) y 41 asientos. Venía de 15 en 2022. Es decir, pasó de ser un partido mediano a tener la mitad de la cámara por sí solo.

Pero el milagro estadístico está en el tercer lugar. Soberanía debutó desde cero, porque en 2022 sacó apenas el 3.3%, y terminó con 94.211 votos y 15 Curules. La Alianza Nacional, un partido de derecha nacionalista con 25 años de historia, se quedó con 71.579 votos y 10 asientos. Un partido que debuta le ganó a la institución histórica.

Dos partidos que desaparecieron de un plumazo

La Unión de Campesinos y Verdes es el dato más doloroso: pasó de 16 asientos a cero. Sacó 35.405 votos y el umbral electoral es del 5%. Se quedó a menos de 7.000 votos de la línea y desapareció del parlamento.

Y Estabilidad, que también era proruso y tenía 6.9% en 2022, pasó de 11 Curules a cero con 16.062 votos. Una caída del 76% en cuatro años.

Estos dos partidos, que se turnaban para ser el segundo y el tercero del país, ahora comparten una sola cosa: no tener asiento. Y la participación fue del 51.79%, cayendo 7.62 puntos. Menos de la mitad del país votó.

Por qué Letonia es diferente

Letonia tiene 1.87 millones de habitantes y una minoría rusohablante de entre el 20 y el 25%. En la mayoría de los países europeos esa comunidad vota dispersa entre partidos grandes. Aquí tiene su propia lista, sus propios candidatos y la maquinaria electoral necesaria para convertir un bloque en 15 Curules.

Ahora, la opinión honesta: 15 asientos de 100 es influencia real pero no es gobierno. Una coalición amplia con Lista Unida (41), Nueva Unidad (7) y Alianza Nacional (10) suma 58 de 100. Hay margen para promover reformas, pero no para arrasar.

La lección incómoda para Latinoamérica

El voto identitario se concentra donde hay conflicto abierto. Cuando una potencia externa tiene historia con una comunidad minoritaria, aparece una lista étnica que funciona como válvula de escape del resentimiento y también como instrumento de influencia externa.

Esto no es teoría. Es lo que pasó en tres días y lo contaron Reuters, AP, France 24, Politico, Le Monde, South China Morning Post, Euronews y Japan Times en menos de 48 horas. Casi todos titulándolo victoria pro-Ucrania. Y de alguna forma, la lista prorusa fue la que entró.

El detalle que nadie menciona

Kulbergs no es un político de carrera. Es un empresario, presidente de la asociación de concesionarios de coches autorizados de Letonia. Entró al parlamento en 2022 como independiente de partido. Cuando la primera ministra Evika Siliņa renunció el 14 de mayo, el presidente Rinkēvičs lo puso a armar una coalición en cinco meses. Lo logró con 66 votos. Y ahora gobierna con un partido que él no fundó.

En su agenda está la reforma presupuestaria y la vigilancia estricta sobre airBaltic y el proyecto Rail Baltica, ese tren de miles de millones de euros que lleva años tragando dinero. Pero su base legal se construyó con los Verdes dentro. Los Verdes ya no están.

Lo que viene ahora

¿Puede el gobierno de Kulbergs seguir la línea pro-Ucrania sin los Verdes que le dieron la mayoría? ¿Qué pasa cuando los 15 asientos de Soberanía se suman a la presión del segundo partido más popular del país?

Comparte esto con alguien que todavía cree que las minorías étnicas no tienen peso real en un parlamento. Es el mismo mecanismo, con otros nombres y otras fronteras.

Y cuéntame en los comentarios: ¿votarías como los letones si vivieras al lado de una frontera con Rusia?