Adiós a la democracia en Perú: Keiko Fujimori promete megacárcel y jueces anónimos

Keiko Fujimori juramentando como presidenta de Perú en el Congreso de Lima
Keiko Fujimori durante su ceremonia de juramentación como presidenta de Perú en el Congreso de Lima, el 28 de julio de 2026.

Perú tiene novena presidenta en diez años. Keiko Fujimori, hija del encarcelado dictador Alberto Fujimori, acaba de jurar como la nueva mandataria del país andino. Y su plan de gobierno suena más a Estado de excepción que a democracia.

La líder de Fuerza Popular ganó las elecciones de junio por un margen de apenas 50.000 votos —menos del 1% del padrón— tras tres intentos fallidos. Pero esta vez, el poder le llegó con una mayoría legislativa suficiente para gobernar sin oposición real.

Y ya dejó claro que no viene a ser la presidenta de las flores.

Mano dura como nunca antes

En su discurso de asunción, Fujimori prometió un "puño de hierro" contra el crimen. Perú atraviesa su peor crisis de seguridad en décadas: extorsiones, sicariato y bandas criminales que han convertido barrios enteros en territorios de batalla.

Su propuesta estrella: una megacárcel al estilo Cecot de El Salvador, el polémico centro de reclusión masiva de Nayib Bukele que ha sido criticado por oenegés de derechos humanos en todo el mundo.

Pero no termina ahí. Fujimori también propuso:

¿Te suena familiar? Son medidas que en otros países han sido calificadas como violaciones a derechos humanos fundamentales.

La sombra del padre

Keiko tiene 51 años y entró a la política a los 19, cuando su padre —presidente durante los 90— le pidió que ocupara el rol de primera dama tras separarse de su madre. Desde entonces, ha vivido bajo la sombra de Alberto Fujimori, el líder que derrotó a Sendero Luminoso pero que luego fue condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad y corrupción.

Su padre fue acusado de ejecuciones extrajudiciales, esterilizaciones forzadas a mujeres indígenas, y la creación de escuadrones de la muerte durante su lucha contra la guerrilla. Cumplió 16 años de cárcel.

Para sus seguidores, Fujimori padre es el hombre que salvó al país del caos. Para sus críticos, un dictador sanguinario. Keiko heredó esa división —y ahora la lleva al palacio de gobierno.

¿Noveno presidente en 10 años?

Así es. Perú se ha convertido en un caso de estudio de inestabilidad política extrema en América Latina. Desde 2016, el país ha visto:

Ahora, la hija del dictador llega con la promesa de "estabilidad". Pero sus críticos señalan que su propio partido contribuyó activamente al caos político que hoy promete resolver.

Lo que viene para Perú y LATAM

Fujimori asume con Fuerza Popular como el bloque más grande del Congreso. Junto con su aliado de derecha, controlan la mitad del nuevo Senado. Suficiente para gobernar, insuficiente para reformas constitucionales —pero más poder del que ha tenido ningún presidente peruano en años.

¿El riesgo? Que las promesas de "mano dura" se conviertan en un retroceso autoritario disfrazado de solución al crimen.

En Latinoamérica, la fórmula "seguridad vs derechos humanos" ha sido explotada una y otra vez. Bukele en El Salvador, Noboa en Ecuador, y ahora Fujimori en Perú. Todos con el mismo discurso: "el crimen es tan grave que necesitamos medidas excepcionales".

La pregunta incómoda es: ¿dónde termina la mano dura y dónde empieza la tiranía?

En las calles, el rechazo no se hace esperar

La noche anterior a su juramentación, familiares de víctimas de la violencia estatal de los 90 se congregaron en Lima para rechazar el nuevo gobierno. Grupos opositores ya exigen que Fujimori revierta leyes que debilitan la lucha contra el crimen organizado y que reabra las investigaciones sobre la muerte de decenas de manifestantes durante las protestas de 2022 y 2023.

Pero con la mayoría legislativa que tiene, Keiko puede ignorarlos. La pregunta es si Perú está listo para otro capítulo de la dinastía Fujimori.

Esto no es una noticia más. Es un momento definitorio para la democracia en América Latina.

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