La CPI destituye a Karim Khan: abuso sexual, poder político y un fiscal que incomodaba a todos

Edificio de la Corte Penal Internacional en La Haya, Países Bajos
La Corte Penal Internacional en La Haya, epicentro de la justicia internacional que hoy enfrenta su mayor crisis interna.

Karim Khan, el fiscal que se atrevió a pedir órdenes de arresto contra Benjamin Netanyahu y Vladimir Putin, fue destituido por los estados miembros de la CPI en una votación que ha dejado al derecho internacional tambaleándose. La excusa oficial: acusaciones de abuso sexual. La historia real: mucho más turbia.

El 25 de julio de 2026, la Asamblea de Estados Parte de la Corte Penal Internacional votó a favor de remover a Karim Khan como fiscal jefe, en medio de múltiples investigaciones por conducta sexual inapropiada que llevaban meses sacudiendo los pasillos de La Haya.

Pero que nadie se engañe: esta no es una historia de justicia interna. Es una historia de poder.

¿Qué pasó exactamente?

Los estados miembros de la CPI votaron por mayoría para destituir a Karim Khan después de que un panel independiente encontrara pruebas de acoso sexual contra varias mujeres que trabajaban en la corte. Las acusaciones iban desde comentarios inapropiados hasta conducta sexual no consentida, y Khan llevaba meses negándolo todo mientras se aferraba al cargo.

Según fuentes diplomáticas citadas por Reuters, CNN y The Guardian, la votación fue contundente: los miembros decidieron que Khan ya no podía liderar la institución encargada de juzgar los peores crímenes de la humanidad.

La pregunta que pocos hacen: ¿por qué justo ahora?

El contexto político que nadie menciona

Karim Khan no era un fiscal cualquiera. Era el hombre que en 2024 solicitó órdenes de arresto contra Benjamin Netanyahu y líderes de Hamas por crímenes de guerra en Gaza. El mismo que mantenía abierta la investigación contra Vladimir Putin por la deportación ilegal de niños ucranianos. El que investigaba a Myanmar por genocidio y a Venezuela por crímenes de lesa humanidad.

Es decir, Khan se había convertido en el fiscal más incómodo de la historia de la CPI. Había puesto en la mira a los poderosos, y los poderosos no iban a quedarse de brazos cruzados.

Organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch y Amnistía Internacional ya han expresado su preocupación de que esta destitución, aunque basada en acusaciones reales de conducta sexual inapropiada, pueda ser instrumentalizada por los gobiernos que Khan investigaba para deslegitimar los casos abiertos.

Las acusaciones de abuso: reales pero convenientes

Esto no significa que las acusaciones sean falsas. Según reportes de Al Jazeera y AP, múltiples mujeres presentaron quejas formales contra Khan por conducta sexual inapropiada, y el Colegio de Abogados Británico incluso había suspendido su membresía mientras se investigaban los cargos.

El punto es que la coincidencia es demasiado conveniente. Las acusaciones salieron a la luz justo cuando Khan intensificaba sus investigaciones contra Israel y Rusia. Y los países que más presionaron por su remoción —Estados Unidos, Reino Unido— son precisamente aliados de los gobiernos que Khan investigaba.

¿Qué significa esto para América Latina?

Para los lectores latinoamericanos, esta noticia tiene implicaciones directas. La CPI investiga crímenes en Venezuela, Colombia y Nicaragua. La destitución de Khan podría retrasar o debilitar estos procesos justo cuando más avanzados estaban.

Además, varios países latinoamericanos (Argentina, Chile, México) han sido históricamente defensores de la CPI. La crisis de liderazgo en la corte pone en duda la capacidad del organismo para sostener investigaciones en nuestra región.

El futuro de la CPI

Con Khan fuera, la CPI entra en un territorio desconocido. El tribunal ya enfrentaba presiones sin precedentes: Estados Unidos impuso sanciones contra funcionarios de la corte, Rusia declaró ilegal la orden de arresto contra Putin, e Israel lanzó una campaña diplomática masiva para desacreditar al tribunal.

Ahora, sin fiscal jefe, los casos abiertos quedan en un limbo legal. Los críticos advierten que la CPI podría tardar meses o años en recuperar la credibilidad perdida. Los optimistas dicen que es una oportunidad para reformar la institución.

La verdad incómoda: la CPI siempre ha sido un tribunal para juzgar a los dictadores africanos, no a los líderes occidentales. Khan intentó cambiar eso, y por eso cayó.

Conclusión: la justicia internacional no existe sin poder político

Karim Khan cometió errores graves, y las acusaciones de abuso sexual merecen una investigación seria. Pero pretender que su destitución es solo un asunto de "conducta inapropiada" es ingenuo o deshonesto.

La CPI fue creada para juzgar a los poderosos, pero los poderosos siempre encuentran la forma de protegerse. Khan lo aprendió de la peor manera: cuando intentó hacer su trabajo, el sistema lo devoró.

Comparte esto si crees que la justicia internacional debería aplicarse parejo, sin importar qué bandera defienda el acusado.

¿Crees que la destitución de Khan fue justicia interna o política internacional? Déjalo en los comentarios.