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Joby Aviation gasta $500 millones en Defensa — Tus taxis voladores ahora van al campo de batalla
Un taxi volador eléctrico que te lleva del aeropuerto al centro de la ciudad por $150... ahora también puede llevarte a una zona de conflicto armado. Joby Aviation, la empresa que prometió revolucionar el transporte urbano con aeronaves eléctricas de despegue vertical, acaba de gastar $500 millones en comprar una firma de sensores militares. Y lo más perturbador: ahora tiene acceso a programas clasificados del gobierno de Estados Unidos.
La compra que cambia todo
Joby Aviation anunció la adquisición de Resonant Sciences, una empresa de Ohio especializada en sistemas de radiofrecuencia y sensores militares, por $500 millones en efectivo y acciones. Resonant reporta $100 millones en ingresos anuales y, lo que es más importante, tiene acceso a programas clasificados del Pentágono.
El fundador y CEO de Resonant, J. Micah North, dirigirá la nueva división de defensa de Joby. Esta absorberá todos los proyectos militares de la compañía, incluyendo el desarrollo de aeronaves híbridas de turbina e hidrógeno, y su pila tecnológica de autonomía.
¿Por qué esto importa? Porque hasta ahora, Joby era puramente una empresa de transporte civil. Sus inversores apostaron por taxis voladores eléctricos que revolucionarían las ciudades. Ahora parte de ese dinero está financiando tecnología militar.
La estrategia de Joby: comprar ingresos mientras certifica aeronaves
Desarrollar, certificar y fabricar aeronaves eléctricas de despegue vertical (eVTOL) es un proceso que cuesta mil millones de dólares y toma años. Joby lo sabe. Por eso ha seguido una estrategia agresiva de adquisiciones para generar ingresos inmediatos mientras espera la certificación de la FAA.
El año pasado, Joby compró el negocio de helicópteros de Blade Air Mobility por $125 millones, dándole acceso a 12 terminales en Nueva York, incluyendo JFK, Newark, y múltiples puntos en Manhattan. Esa adquisición le dio $36.2 millones de ingresos solo en el segundo trimestre.
Ahora, con Resonant Sciences, Joby tiene un negocio que genera $100 millones al año sin necesidad de esperar certificación de la FAA. Es una jugada maestra de supervivencia financiera.
La conexión militar que nadie esperaba
Joby ya tenía un pie en el mundo militar. El año pasado firmó un acuerdo con el contratista de defensa L3Harris Technologies para desarrollar una aeronave híbrida de turbina y hélice eléctrica que pueda volar de forma autónoma para aplicaciones de defensa.
Además, en 2024 demostró bajo un contrato gubernamental una versión híbrida de hidrógeno y electricidad que voló 521 millas — más del doble de la distancia de su prototipo puramente eléctrico. Eso es la distancia entre Nueva York y Chicago, volando sin una gota de gasolina convencional.
La ironía es brutal: una empresa que se vende como la futura del transporte verde y sostenible ahora está desarrollando tecnología para el Pentágono. Los inversores que apostaron por taxis voladores ecológicos ahora financian aeronaves que pueden usarse en operaciones militares.
¿Qué significa para los consumidores?
Si eres de los que esperaban tomar un taxi volador al trabajo en 2028, la noticia tiene dos caras. Por un lado, la adquisición de Resonant le da a Joby dinero real ahora, lo que reduce el riesgo de quiebra antes de que los taxis voladores estén listos. Por otro, una parte significativa de los recursos de Joby ahora se destina a defensa, no a civiles.
Para el mercado LATAM, esto tiene implicaciones directas: empresas como Joby buscan mercados internacionales para sus taxis voladores, y los contratos militares significan que la tecnología eVTOL llegaría primero a zonas de conflicto o bases militares, no a Ciudad de México o São Paulo.
El precedente peligroso
Joby no es la primera empresa de tecnología "verde" que pivota hacia lo militar. Google, Amazon y Microsoft todos tienen contratos con el Pentagono. Pero Joby es diferente: su producto principal es un vehículo de transporte civil. Cuando una empresa de taxis empieza a hacer aeronaves militares, la línea entre lo civil y lo militar se borra completamente.
¿Quién decide si un taxi volador que puede volar 521 millas de forma autónoma se usa para llevar ejecutivos a reuniones o para misiones de reconocimiento? La respuesta, como siempre en la industria tech, es: quien pague más.
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