Göbeklitepe: el error de 30 años con 3.000 huesos humanos

Monumentos megaliticos de piedra en un paisaje abierto
Los monticulos de Gobeklitepe en el sur de Anatolia, levantados 1.500 anos antes de las piramides

Göbeklitepe: el error de 30 años con 3.000 huesos humanos

Hay un misterio en el sur de Turquía que lleva tres décadas dando vueltas entre arqueólogos. En el sitio más famoso del Neolítico —Göbeklitepe, construido 1.500 años antes que las pirámides y durante años ignorado— se han recuperado cientos de fragmentos óseos humanos repartidos por casi 3.000 metros cuadrados, mezclados con tierra como si hubieran caído del cielo.

La comunidad académica siempre aterrizó en la misma respuesta: necesariamente era un rito funerario especial, único y ritualizado. Porque los cráneos aparecían en una proporción imposible si solo se tratóra de entierros normales. Tres décadas de excavaciones y un estudio nuevo en PLOS ONE acaban de desmontar esa lectura.

La pista incómoda: 408 cráneos contra 283 huesos

El núcleo del problema es un número. En todo el sitio se recuperaron 408 fragmentos de cráneo, pero solo 283 fragmentos del resto del esqueleto. En un entierro normal eso no tiene lógica: los cuerpos se entierran enteros, y los huesos de manos y pies son de los primeros en deshacerse.

Y algunos cráneos tienen cortes profundos deliberados. Eso empujaba a la hipótesis más fuerza: en Göbeklitepe alguien hacía algo especial con los cráneos, y los huesos sueltos eran el rastro de eso.

Lo que encontraron bajo el suelo

El equipo de Jana Gresky (Instituto Alemán de Arqueología) y Lynsey Clare publicó en PLOS ONE las dos primeras tumbas intactas del sitio. Ambas son del período Neolítico Pre-Cerámico B, entre 8.700 y 8.000 a.C.

Los huesos de manos y pies seguían presentes en el primer caso. Eso significa que allí hubo cuerpos completos, o extremidades completas. No fue un ritual de desmembramiento. Fue un entierro doméstico normal, de gente normal, con la misma mezcla de edades y sexos que verías en cualquier cementerio.

La respuesta aburrida (y por eso es la correcta)

La parte clave del estudio es otra: los patrones de fragmentación de estos dos entierros coinciden casi exactamente con los de los 928 fragmentos sueltos del resto del sitio. Mismo tipo de grietas, misma comisión por calcáreos, mismas marcas de roedores.

La explicación más simple es por eso la más probable: se enterraba bajo los pisos de las casas en la parte alta del asentamiento. Luego el montículo fue creciendo, y la erosión y los deslizamientos de ladera arrastraron la tierra y los huesos con ella cuesta abajo, mezclándolos con los edificios monumentales.

Eso explica las tres cosas que tenían a los arqueólogos despiertos: huesos a kilómetros de distancia de su tumba, restos de edades y sexos distintos juntos, y cráneos sobrerrepresentados (un cráneo pesa y se transporta mejor en un deslizamiento).

Lo que no cambia

Nada de esto descarta el tratamiento deliberado de algunos cráneos: sigue habiendo huesos con marcas de corte que no tienen explicación total, y hacen falta datación directa y más análisis para saber cuándo ocurrieron esos ritos. Los sitios neolíticos vecinos también muestran otras formas de tratar a los muertos.

Pero la gran afirmación queda debilitada: los 3.000 huesos sueltos ya no tienen que ser un único ritual. La respuesta más aburrida del mundo —&la gente los enterraba en el patio de su casa y la colina se los llevó para abajo— resulta ser la que mejor encaja con los datos.

En arqueología, la teoría que sobrevive tres décadas no suele ser la más dramática. Es la que aguanta el dato. Comparte esto si crees que la arqueología necesita menos mitos y más GPS.