440 jóvenes detenidos en Francia: las protestas que amenazan a Macron

Estudiantes franceses manifestándose frente a un liceo
Más de 400 personas fueron detenidas en Francia durante las protestas en los liceos.

Un adolescente de 15 años, con el rostro tapado, le lanza una botella de ácido clorhídrico a la policía. Siete incidentes así en Francia esta semana. Alrededor, cientos de compañeros bloqueando la entrada de su liceo, papeleras ardiendo, vallas publicitarias destrozadas y 440 personas detenidas en apenas 24 horas.

Esto no es una marcha genérica. Es un movimiento espontáneo nacido en los liceos del área de París que en cinco días pasó a bloquear unos 400 de los 3.700 liceos del país, según el propio ministerio de Educación. Y llegó justo cuando el Gobierno de Emmanuel Macron necesita estabilidad para sobrevivir a las elecciones del próximo año.

Las frases que aparecen en las paredes

Lo que los estudiantes protestando gritan cabe en un lema: "8:00 a 18:00. Más horas de clase que horas de dormir.". Los carteles colgados fuera del liceo Lamartine de París lo dejaban claro. No es una consigna poética: es el horario real de un liceo común de la área metropolitana.

Según Ryad Rani, presidente del Sindicato de Estudiantes de Liceos, el motivo es simple y documentable: aulas con 32 a 35 alumnos, un déficit crónico de profesores (docentes que se ausentan y nunca se sustituyen), instalaciones deficientes y un presupuesto que recorta los medios materiales.

El detonante: 54.000 millones de euros

Vincent Latour, profesor de la Universidad Toulouse-Jean Jaurès, señala un factor que explica por qué explotó ahora: las oleadas de calor de junio revelaron edificios con aislamiento precario y sin aire acondicionado.

Pero el fondo político es el presupuesto. El Gobierno propone 54.000 millones de euros (61.300 millones de dólares) en recortes y ahorros. Además, propone congelar los sueldos base de los empleados públicos en 2027 para ahorrar unos 2.000 millones de euros. Sería el cuarto congelamiento consecutivo.

Ese mismo martes, maestros, bomberos y otros trabajadores públicos se sumaron al paro nacional. Según el ministerio, un 11% del personal de educación participó. Caroline Cheve, secretaria general de la federación sindical FSU Education, resume el clima:

"Están en aulas hacinadas. A veces no tienen suficientes profesores por falta de personal. Ven la misma realidad que nosotros, y están furiosos."

El orden, luego la escaramuza

El Gobierno no lo tomó como un asunto educativo. Su primer ministro, François Lecornu, habló de "escalada". El ministro del Interior, Laurent Nunez, confirmó las 440 detenciones, de las cuales unas dos terceras partes acabaron en custodia policial.

La policía respondió con escudos, bastones y gases lacrimógenos. Según AFP, agentes golpearon a estudiantes con bastones en Seine-Saint-Denis, el suburbio más pobre del norte parisino. 48 efectivos resultaron heridos.

Lo que el Gobierno pasa por alto, según el académico Latour, es que el conflicto también es ideológico. Una parte del movimiento cuestiona las prioridades del Ejecutivo: entre las medidas más polémicas está la prohibición de usar el hiyab en las escuelas públicas. "Algunos estudiantes argumentan que deberían concentrarse en lo que importa: ofrecer condiciones de aprendizaje decentes."

Un alcalde del partido del Gobierno avala la protesta

El dato político más fuerte vino desde dentro. En Saint-Denis, el alcalde Bally Bagayoko salió a manifestarse con cientos de estudiantes frente al liceo Paul-Eluard.

Calificó la protesta de "completamente legítima" y recordó que las zonas pobres reciben muchos menos recursos que las adineradas. Cuando un alcalde del partido oficial pone su rostro delante, la protesta deja de ser un asunto interno y se convierte en un problema de Gobierno.

El precedente de 2013

La ironía es que todo esto ya tiene un guion. En 2013, las escuelas de Francia se levantaron por el caso Leonarda: dos estudiantes con estatus irregular fueron expulsados del país y las ocupaciones duraron semanas.

La diferencia en 2026 no es el tema: es la velocidad. Lo que entonces tomó semanas tomó cinco días. Y el Gobierno respondió con un contraste demoledor: solo el 11% del personal de educación participa en la huelga, mientras la protesta estudiantil crece rápidamente.

Ese contraste lo dice todo. Los profesores apoyan a los estudiantes en la calle, pero no han arrastrado a una huelga nacional con ellos.

Una protesta que resuena en toda Europa

La protesta francesa tiene un espejo en el sur de Europa. En España, las aulas densas, las jornadas de hasta seis horas y la financiación congelada de la Educación pública son la norma, no la excepción.

Y eso es lo más preocupante: 440 detenidos por protestar para tener un aula más habitable. En cualquier país serio eso sería un escándalo. En Francia se está tratando como un problema de seguridad interior, con el ministro del Interior como protagonista.

La pregunta que de verdad importa

El debate ahora es si el Gobierno "perderá el control" o si "lo tiene todo bajo control". Esa discusión está equivocada.

La pregunta real es otra: ¿Cómo puede el país más rico de Europa pedirles a jóvenes de 15 a 18 años que acepten aulas a 35 alumnos, horarios de 8:00 a 18:00 y un presupuesto congelado, y esperar que eso termine bien?

Lo que define este movimiento no es el número de detenidos. Es la edad de quienes se manifiestan. Jóvenes que no piden fiestas ni excursiones: exigen condiciones dignas para estudiar. Y que eso se trate como un asunto de seguridad revela en qué tipo de respuesta está cayendo el Ejecutivo.

Macron se juega mucho este año. Una protesta de adultos sin objetivos claros se apaga. Pero cientos de jóvenes exigiendo "más horas de dormir" en la cara de la policía tienen una lógica muy difícil de desmontar.

El debate sobre el reemplazo de los trabajadores empieza por una pregunta mucho más básica: ¿Estamos ofreciendo condiciones básicas decentes para estudiar y formarse? En Francia, en estos momentos, la respuesta es no.

Y con 440 detenidos en la calle, eso deja de ser un problema educativo para pasar a ser un problema político de primer orden.