Por primera vez: los astrónomos encuentran estrellas que no son blancas, azules ni naranjas

Nebulosa y espacio profundo representando estrellas coloridas
Las enanas blancas no son siempre blancas: el universo tiene mucho más color del que creíamos.

Un estudio acaba de tirar por la borda lo que todos creíamos saber sobre el color de las estrellas.

Durante décadas nos enseñaron que las estrellas cambian de color según su temperatura: las frías son naranjas, las como nuestro Sol son blancas y las más calientes brillan en un azul intenso. Esa regla parecía inquebrantable... hasta ahora.

La regla que acababa de romperse

Un equipo de astrónomos de la Universidad de Warwick acaba de descubrir que las enanas blancas —los restos densísimos que quedan cuando mueren las estrellas como el Sol— pueden brillar en colores que nadie esperaba: verde, rosa, cian, amarillo y morado.

El truco está en la densidad

El truco está en su densidad brutal. Las atmósferas de las enanas blancas más frías alcanzan una densidad de aproximadamente 1 gramo por centímetro cúbico, millones de veces más densa que la fotosfera del Sol. En ese nivel de compresión, incluso trazas de elementos como carbono, sodio o calcio absorben la luz de forma completamente distinta, distorsionando el color que veríamos a simple vista.

La primera estrella verde de la historia

La primera estrella verde descubierta. El hallazgo más sorprendente es una enana blanca bautizada WDJ1330+6435, enriquecida con material rocoso proveniente de un antiguo sistema planetario. Ese sodio acumulado absorbe las longitudes de onda amarillas, naranjas y rojas, dando como resultado un tenue brillo verdoso: la primera estrella verde jamás identificada.

También descubrieron una enana blanca de color rosa (WDJ0902+2010). En su caso, las moléculas de carbono C2 absorben luz azul, verde y amarilla, dejando que predominen los tonos rosados y morados.

Cómo lo calcularon sin verlas

No es adorno teórico. Para llegar a esto, los investigadores no tuvieron que inventar nada nuevo: simplemente tomaron los espectros que ya se recogen rutinariamente de millones de estrellas y los pasaron por un modelo de visión cromática humana. Así calcularon exactamente qué color veríamos si pudiéramos acercarnos lo suficiente.

¿Por qué rayos importa esto?

¿Por qué esto importa? Lo más interesante no es solo el cambio cromático, sino lo que revela. Cada color distinto señala qué elementos flotan en esa atmósfera superdensa: las enanas blancas ricas en carbono tienden al rosa/morado, las que han devorado restos de asteroides o cometas viran hacia el amarillo... Es como leer el registro funerario de sistemas planetarios enteros que alguna vez orbitaban alrededor de esas estrellas.

La conclusión es simple y brutal: Hasta ahora estábamos juzgando el color de estas estrellas por una simplificación que daba por sentado que eran radiadores perfectos. La realidad es mucho más colorida de lo que imaginábamos.

Comparte esto si crees que el universo acaba de demostrarnos que aún tiene sorpresas escondidas bajo lo que dábamos por cierto.