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Deloitte falsificó documentos para esconder $10.000 millones de Abramovich — y nadie va a la cárcel
Imagina que tienes yates de $147 millones, una mansión en el sur de Francia y una finca en Sussex. Imagina que un día abres tus cuentas y todo eso desapareció. Literalmente. Deloitte firmó los papeles.
Eso no es un ejercicio hipotético. Es lo que BBC Panorama y el Bureau of Investigative Journalism acaban de documentar sobre Roman Abramovich, el oligarca ruso que compró el Chelsea en 2003 y financió su mejor época.
La firma contable más grande del mundo —una de las famosas "Big Four"— ayudó a falsificar documentos para hacer desaparecer su fortuna y evadir impuestos en Chipre. Durante casi dos décadas.
Los números que desaparecieron
El primer caso es de 2006. Chipre aprobó una ley de transparencia que obligaba a hacer públicas las cuentas de las empresas. Deloitte Cyprus ya tenía borradores de 2003 para Amiscan Investments, la empresa chipriota de Abramovich.
Esos borradores detallaban $672 millones en activos de lujo: una mansión en West Sussex, un piso en Londres, una finca en el sur de Francia, helicópteros, jets privados y una flota de botes, incluido el Pelorus de $147,5 millones.
Para que esa ley no los expusiera, los asociados de Abramovich y la firma MeritServus transfirieron todo a la empresa matriz en las Islas Vírgenes Británicas. Y retrodataron el cambio tres años para que pareciera que la operación había ocurrido en 2003.
Deloitte Cyprus revisó los documentos retrodatados y dictaminó que eran "adecuados". Cuando firmó las cuentas de 2003 en 2006, los yates y las casas desaparecieron de un plumazo.
En los libros quedaron $75.000 en activos. Nada más.
El esquema de impuestos que Deloitte "asesoró"
El segundo caso es todavía más directo. Otra empresa chipriota de Abramovich, Kravin Investments, tenía casi $2.000 millones en el banco en 2003 y ganaba intereses enormes. Esos intereses debían pagar impuestos en Chipre.
Un email de MeritServus de agosto de 2005 dice que el plan se diseñó después de una reunión con Deloitte. El texto es explícito: "Si está de acuerdo, será necesario cambiar los estados financieros y los registros contables de 2003 y 2004".
Un mes después, un asociado en Rusia respondió con dos palabras: "I agree".
MeritServus creó documentos retrodatados que mostraban que Kravin solo administraba el dinero en nombre de su matriz en las BVI. Así, Kravin no era dueño de nada y no debía impuestos. En un email de septiembre de 2005, Deloitte escribió que "ciertos cambios tendrán que hacerse a las cuentas" por esas modificaciones.
Andrew Mitchell KC, experto en derecho de servicios financieros, no tuvo dudas: el esquema era "evasión fiscal directa" y "no podía ser más descarado". Añadió que si esto hubiera pasado en Inglaterra con montos así, las autoridades fiscales ya estarían pensando en procesar a alguien.
La fortuna de $10.000 millones que se volvió $145.000
El tercer caso cierra el patrón. Más de $10.000 millones estaban en Electus Investments, en Chipre. MeritServus creó una empresa con el mismo nombre exacto en las BVI, donde las cuentas no se publican.
Luego firmó documentos retrodatados que afirmaban que la empresa de las BVI había sido dueña de la fortuna desde el 20 de noviembre de 2003. Cuando las cuentas de la empresa chipriota se hicieron públicas, mostraban activos por apenas $145.000.
Los miles de millones de Abramovich se habían vuelto humo contable.
"Hay profesionales dispuestos a torcer y romper las reglas de su profesión y, por lo tanto, la ley. Parece que no se detendrán ante nada a la hora de crear documentos." — Andrew Mitchell KC
Por qué esto te debería importar en LATAM
Este no es un problema de Moscú o de Londres. Es el mismo aparato que opera en todo el mundo.
Vladimir Milov, exviceministro de Energía de Rusia y hoy crítico del Kremlin, lo dijo sin anestesia: "Para cada oligarca ruso, de Medio Oriente o de África, hay un ejército de servicios financieros, legales y de relaciones públicas occidentales que cobran sin problema por blanquear su reputación y hacerlos parecer normales".
Ese ejército cobra en dólares y opera con las mismas herramientas que usan los despachos que asesoran a gobiernos latinoamericanos. Chipre fue el paraíso fiscal favorito de los rusos durante dos décadas. Panamá fue el nuestro. Las estructuras son idénticas: una empresa en una jurisdicción opaca, documentos que se firman tarde y se fechan antes, y un auditor que dice que todo está bien.
La pregunta incómoda es simple: si una de las Big Four puede firmar cuentas que sabe que son engañosas, ¿qué le queda al resto?
La respuesta de Deloitte
Deloitte Cyprus dijo que no podía comentar sobre las acusaciones específicas porque los documentos tienen más de 20 años y ya no son accesibles.
Los abogados de Abramovich negaron toda irregularidad. Dijeron que él no participaba en la operación diaria de esas empresas y que, cuando los asesores profesionales proponían arreglos, "confiar en ese consejo era completamente apropiado y legítimo".
Es decir: la defensa principal es que el cliente confió en los profesionales. Y los profesionales no pueden revisar los papeles porque son muy viejos. El círculo se cierra perfecto.
MeritServus cerró sus puertas tras la filtración Cyprus Confidential. En la isla de Jersey, £5.400 millones en activos de Abramovich siguen congelados y una investigación criminal lleva cuatro años abierta. Él dice que esa investigación es "por motivos políticos".
Lord Sikka, profesor de contabilidad de la Universidad de Sheffield, fue claro: tergiversar fechas de transacciones y no publicar cuentas verdaderas es una "violación de un deber estatutario" y algo "bastante escandaloso".
El patrón que se repite
Ninguna de estas técnicas es nueva. Retrodatar, duplicar empresas con el mismo nombre en dos jurisdicciones, mover activos a donde las cuentas no se publican. Lo nuevo es que ahora hay miles de documentos filtrados que muestran quién firmó qué, en qué fecha, y qué decían los emails entre medio.
Y lo más incómodo: la empresa que firmó el aval de todo esto sigue siendo una de las cuatro que auditan a las mayores corporaciones del planeta. Tu banco probablemente tiene un contrato con una de ellas.
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¿Cuántos casos más como este siguen enterrados en un archivo de Chipre, de Panamá o de cualquier isla con buen clima fiscal?