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Del Toro intentó hacer BioShock: la llamada que lo mató en 30 segundos
Guillermo del Toro nunca había permitido que le arruinaran una película con una llamada telefónica. Hasta que lo hicieron. Lo admitió hace días en una entrevista para la serie IGN30 Icons, y la confesión es demoledora.
El director confirmó que estuvo Conceptualizando una película de BioShock, y que el proyecto murió por una llamada. Sin crisis de estudio, sin reuniones, sin audios de ejecutivos: una llamada y se acabó.
Lo que el director tenía entre manos
Para medir el tamaño del desastre hay que situarnos. Cuando del Toro se sentó a hablar de BioShock no venía de un sueño abstracto: venía de terminar Hellboy II y estar a punto de empezar Hellboy III, la fase de su carrera en la que todo le salía bien.
Para él, BioShock no era un proyecto menor. Era la adaptación que habría resuelto el problema que arrastró toda la década: cómo conviertes un juego en una película sin traicionarlo? Su teoría, documentada en Shape of Fear, es que los juegos no tienen una forma de relato cinematográfico. Se dijo a sí mismo que podía resolverlo con guiones, storyboards y mucho presupuesto.
Entonces alguien al otro lado de la llamada le soltó algo que lo dejó frío. Del Toro no entra en detalles. Lo llama, sencillamente, "el problema": el corazón del acuerdo de reboot no funcionaría porque el poder de la RNA como recurso narrativo es lo único que define esa historia.
La diferencia que separa una película de un juego
Aquí está la idea, y es brutal en el mejor sentido, que del Toro soltó para explicar por qué alguien le dijo que no.
En un juego, el jugador pelea por Rapture. En una película, el público no pelea por Rapture: mira a otro pelear por Rapture. Eso lo cambia todo, porque el negocio del relato es la cuestión de quién controla la narración. En el cine, el dueño es un estudio. En BioShock, el dueño es el jugador.
Su análisis sobre el diseño de Insane es revelador: dijo que construyó lo que él llama una mandala, un laberinto donde avanzas a la izquierda o a la derecha según tus propias decisiones. Eso es cine interactivo puro. Y por eso es casi imposible de comprimir en dos horas y diez minutos de reloj corriendo.
"La dinámica de un videojuego es muy diferente a la de una película. Puede que sean cinematicamente similares en cómo se mueve la cámara, pero el storytelling es muy distinto."
Esa frase la dijo un director que ha reinventado cada género que ha tocado. Si para él la adaptación era imposible, el proyecto ya estaba muerto mucho antes de escribir la primera escena.
Lo que BioShock perdió y lo que ganó
Ahora la parte que duele como fan del juego original: lo que perdió fue a un director que habría resuelto el problema de la escala con una honestidad brutal.
Pero miremos el lado positivo. BioShock sigue viva. No como película muda de una dc f3ada, sino como uno de los mejores juegos de la historia. Del Toro lo reconoció sin rodeos.
Y aquí hay una lectura más dura que vale la pena: si el mejor director de género fantasy del mundo no puede adaptar BioShock sin traicionar su alma, quizás la señal de que el cine todavía no tiene nada que ofrecerle a la forma narrativa que creó este siglo. No es un problema de presupuesto. Es un problema de estructura narrativa.
El precedente que nadie recuerda
Esto ya había pasado antes. Gore Verbinski estuvo adjunto al proyecto BioShock en aquella época, y el plan murió mucho antes. Decepcionado, se fue a hacer Pirates of the Caribbean, y el resto es historia de Hollywood.
Así que BioShock lleva casi veinte años siendo el caso más difícil de la industria: todos quieren hacerlo, nadie sabe cómo. Del Toro acaba de dar la respuesta más honesta posible.
¿Estuvo bien que muriera?
Seamos honestos: sí. Un BioShock de 200 millones de dólares habría sido un flashback permanente para la industria post-AAA. El estudio habría perdido la cartera, los fans del juego original habrían sentido que les vendían un meme, y el juego habría quedado en polvorosa.
Lo que del Toro nos deja es más valioso que una película mediocre: una explicación honesta de por qué las adaptaciones de juegos siguen siendo irresolubles, y el recordatorio de que los juegos no necesitan permiso para ser la mejor forma de relato que existe.
Y no, no es una consolación barata. Es una posición. Del Toro siempre dijo que los juegos son la mejor forma de multimedia jamás creada. Lo acaba de repetir, esta vez con la crudeza de quien ya perdió una película entera por intentarlo.
Comparte esto con alguien que todavía cree que todo juego merece una película, y détale que el que se la iba a hacer ya le colgó el teléfono.