🗳️ Política
La CPI destituye a su propio fiscal: el escándalo sexual que sacude la justicia internacional
La Corte Penal Internacional acaba de hacer algo que ningún tribunal de su tipo había hecho en 24 años de historia: destituir a su propio fiscal jefe en medio de un escándalo sexual que amenaza con derrumbar la credibilidad del organismo.
Los Estados miembros votaron este jueves para remover a Karim Khan, el fiscal británico que lideraba la CPI desde 2021, tras una investigación que reveló presuntas conductas sexuales inapropiadas, incluyendo acusaciones de agresión sexual que algunas fuentes califican como violación. El resultado fue contundente: la Asamblea de Estados Parte votó a favor de su destitución, una medida sin precedentes desde la fundación del tribunal en 2002.
El fiscal que perseguía a dictadores, ahora investigado por abuso
Karim Khan llegó a la CPI con la reputación de ser un fiscal implacable. Bajo su liderazgo, el tribunal emitió órdenes de arresto contra Vladimir Putin por la guerra en Ucrania, contra líderes de Hamás por los ataques del 7 de octubre, y contra funcionarios israelíes por la ofensiva en Gaza. También impulsó casos en Afganistán, Libia, Myanmar y Sudán.
Pero mientras Khan perseguía a los presuntos criminales de guerra más poderosos del planeta, dentro de la propia CPI crecía un escándalo que terminaría por derribarlo. Las acusaciones, que inicialmente surgieron como rumores internos, fueron confirmadas por una investigación independiente que halló evidencia suficiente para presentar el caso ante la Asamblea de Estados Parte.
La votación de esta semana marca la primera vez que la CPI destituye a un fiscal en funciones. Ni Luis Moreno Ocampo, ni Fatou Bensouda —los dos fiscales anteriores— enfrentaron algo similar. El precedente es devastador para la imagen del tribunal.
Un terremoto en La Haya
La noticia ha generado reacciones encontradas a nivel global. Por un lado, organizaciones de derechos humanos celebraron la decisión como una muestra de que nadie está por encima de la ley, ni siquiera dentro del propio sistema de justicia internacional.
Por otro lado, los críticos de la CPI ven en este escándalo una oportunidad para cuestionar la legitimidad del tribunal. Países como Estados Unidos, Rusia, China e Israel —que no reconocen la jurisdicción de la CPI o la han atacado abiertamente— ya han comenzado a usar el caso para argumentar que el tribunal es una institución políticamente sesgada e internamente corrupta.
La destitución de Khan también deja en el aire todos los casos que lideraba. Las órdenes de arresto contra Putin y otros líderes siguen vigentes, pero la transición hacia un nuevo fiscal podría retrasar investigaciones clave. El fiscal adjunto tendrá que asumir temporalmente mientras se busca un reemplazo.
¿Qué significa para América Latina?
Para la región latinoamericana, la crisis de la CPI tiene implicaciones directas. Argentina, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay son Estados miembros del tribunal. La credibilidad de la CPI es clave para que sigan cooperando con extradiciones y recolección de pruebas en casos de lesa humanidad.
Colombia, en particular, tiene múltiples investigaciones activas en la CPI sobre crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad cometidos durante el conflicto armado. Una CPI debilitada significa menos presión sobre los responsables y menos justicia para las víctimas.
Además, el caso de Khan envía un mensaje inquietante: si el propio fiscal de la CPI puede caer por escándalos de abuso sexual, ¿qué confianza pueden tener las víctimas que buscan justicia en el tribunal?
El doble filo del precedente
Hay algo de ironía poética en todo esto. Karim Khan construyó su carrera persiguiendo a hombres acusados de violencia sexual como arma de guerra. Ahora es él quien enfrenta las consecuencias de acusaciones similares. La CPI, que se erige como el tribunal que juzga los crímenes más atroces, tuvo que mirarse al espejo y reconocer que sus propias paredes también tienen manchas.
La rapidez con la que los Estados miembros actuaron —apenas unos meses después de que surgieran las acusaciones— sugiere que la tolerancia hacia este tipo de conductas está cambiando, incluso en las instituciones más poderosas. Pero también revela las profundas fracturas internas de un tribunal que necesita desesperadamente recuperar la confianza global.
Comparte esto con alguien que crea que la justicia internacional es perfecta. Hasta en los tribunales más altos del mundo, los mismos pecados humanos se repiten una y otra vez.