Corea del Norte plantó minas en la DMZ: 3 soldados heridos y Seúl ya acusa a Pyongyang

Soldados en la zona desmilitarizada entre Corea del Sur y Corea del Norte
La DMZ sigue siendo la frontera militar más pesada del mundo con cerca de dos millones de minas estimadas.
Soldados en la zona desmilitarizada entre Corea del Sur y Corea del Norte
La DMZ sigue siendo la frontera militar más pesada del mundo: 248 km de largo por apenas 4 km de ancho, con cerca de dos millones de minas estimadas. [Archivo]

El cráter estaba a diez metros. Esa fue literalmente la distancia que midió el Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur: los diez metros entre la explosión que woundó a tres oficiales el 21 de septiembre en el sector occidental de la zona desmilitarizada, y el tramo de terreno donde se observaron cambios recientes y donde el ejército de Seúl cree que Pyongyang plantó minas nuevas.

Diez metros. No el radio dañado, no el cráter, no la chaqueta. **La distancia hasta la evidencia.**

No fue un accidente: fue un informe con cráter y patrón de llamas

El general de Ejército Kwon Dae-won, vicepresidente del Estado Mayor Conjunto, fue directo el lunes 28 de septiembre. Seúl investigó la explosión junto al Mando de las Naciones Unidas y llegó a una conclusión que presentó como evaluación, no como simple sospecha.

"Tomando en cuenta el cráter y el patrón de las llamas de la explosión, así como la gravedad de las heridas sufridas por los militares, evaluamos que las minas de tierra de Corea del Norte son altamente sospechosas de haber causado la explosión."

Ese es el nivel de detalle. Y el general confirmó algo más fuerte: **la mina fue encontrada.** Según el Korea Herald y el Washington Times, el mando surcoreano localizó y retiró un artefacto norcoreano cerca del sitio del estallido. Eso convierte el asunto de "sospecha" a caso abierto.

Tres oficiales graves

La explosión del 21 de septiembre dejó a tres oficiales surcoreanos gravemente heridos. Entre los primeros reportes hay discrepancia en el número exacto, pero el punto es común: no fue un soldado de tropa cualquiera. Fueron tres oficiales, y la profundidad del cráter fue suficiente para herir a más de una persona a la vez.

En la DMZ eso no es un incidente menor. La franja de 248 por 4 kilómetros tiene entre dos millones de minas estimadas en y alrededor. La más antigua tiene casi siete décadas. Muchas nunca se han mapeado. Cada año hay explosiones que hieren a militares de ambos lados, y ambos gobiernos se acusan mutuamente.

Por qué importa ahora

El rearme de la DMZ no es nuevo, pero el ritmo sí. En 2024, Kim Jong Un declaró a Corea del Sur su "principal enemigo" y desde entonces Pyongyang ha sembrado minas adicionales y construido barreras antitanque a lo largo de toda la frontera.

Lo del 21 de septiembre es la primera prueba pública de que esas minas nuevas ya están explotando contra soldados de Seúl. Kwon dejó la amenaza abierta: si la investigación confirma la responsabilidad de Pyongyang, el ejército surcoreano "tomará las medidas y contramedidas apropiadas".

Un armisticio es una promesa de que nadie ataca durante la tregua. Nunca fue una promesa de que no habrá guerra otra vez.

La paradoja de Seúl

Aquí hay algo que los medios occidentales no suelen explicar: Seúl lleva años manteniendo los programas de desminado de la DMZ con el propósito declarado de reducir el riesgo para la población civil, en especial las comunidades aldeanas que viven dentro de la franja y que se multiplicaron en los años 2000. **Miles de personas han muerto en esos asentamientos.** Pyongyang también ha ofrecido ayuda técnica para el desminado.

Nadie quiere esas minas. Ni el explosivo, ni las víctimas, ni las empresas que las retiran. Pero ambas Coreas han dejado la puerta abierta para usarlas como argumento militar.

La respuesta de Seúl, sin embargo, fue "contramedidas". En la práctica eso significa más tropas en la línea de contacto, más vehículos blindados en Panmunjom, más cámaras de vigilancia, más artillería apuntando al norte. Todo por un cráter a diez metros de una mina.

Lo que viene

El informe final del Estado Mayor Conjunto puede tardar semanas. Lo que hay sobre la mesa hasta ahora es simple: un cráter, un patrón de llamas que apunta a mina, un artefacto encontrado a diez metros y tres oficiales en el hospital.

Si el informe final confirma la acusación, el riesgo real no es una guerra. Es lo contrario: un incidente menor, más un despliegue menor, más otro despliegue menor, hasta que un día la aritmética de los errores se topa con el punto exacto en el que todo escapa de control.

Editado y publicado por Edouard Leroy para Nox Tech

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