🔓 Open Source
40TB de datos públicos, 100 VMs y un videojuego: así un conservacionista está revolucionando la protección de bosques
Imagina que trabajas en la reserva natural más grande de África Central. Tienes que vigilar 30,000 kilómetros cuadrados de sabana y bosque —un área del tamaño de Bélgica— con un equipo mínimo y un presupuesto que no alcanza ni para un desarrollador part-time.
Ese era el día a día de Raffael Hickisch, conservacionista y cofundador de la Reserva Natural Chinko en la República Centroafricana. Hasta que descubrió que los datos que necesitaban ya existían, eran públicos, y solo faltaba alguien que los uniera.
Lo que construyó después es una historia que debería escuchar cualquiera que crea que el open data es solo una palabra de moda.
El problema: datos que existen pero nadie usa
Hickisch pasó años descargando manualmente datos de deforestación de la NASA, asentamientos humanos, incendios —todo por separado— y tratando de unirlos en un programa de escritorio para entender qué estaba pasando en el terreno.
"Casi nunca simulo nada porque es demasiado trabajo y mi computadora no lo soporta", le confesó a exe.dev en una entrevista reciente.
El resultado: gobiernos que no ven la deforestación porque no saben acceder a la información satelital. Áreas protegidas sin monitoreo. Y una sensación constante de que la tecnología existía, pero estaba fuera de su alcance.
El giro: una herramienta que "simplemente funciona"
En enero de 2026, un amigo le dijo a Hickisch que probara algo nuevo. "Mira, hay este servicio. Es una locura. Puedes construir cosas y simplemente funciona".
Hickisch tenía una lista de ideas —apps que quería construir, herramientas que sabía que harían su trabajo 10 veces más fácil— pero siempre chocaba contra el mismo muro: una sola app de monitoreo costaba decenas de miles de dólares y requería un desarrollador profesional.
Le pasó su lista de ideas a Shelley, un agente de IA de exe.dev, y le pidió que empezara a construir. En cuestión de horas, el primer prototipo de Five Megapixel Conservation estaba vivo.
"Estaba súper emocionado. Pensé: 'esto es una locura, ahora puedo hacer esas cosas que propuse hace años, pero no necesito el presupuesto, solo mi tiempo'", recuerda Hickisch.
100 máquinas virtuales procesando un país entero
El siguiente paso fue más ambicioso. Austria —su país natal— publica cada año un escaneo LIDAR de todo el territorio, incluyendo la altura de cada objeto en el suelo. Los archivos son enormes: hasta 15 gigabytes cada uno. Nadie los descarga.
Pero Hickisch descubrió que no necesitaba descargarlos enteros. Construyó un sistema que lanzaba 100 máquinas virtuales en paralelo, cada una procesando una porción diferente de Austria. Usó un modelo estándar de machine learning para clasificar los objetos en cada foto —árboles, edificios, cultivos— y combinó la altura de cada árbol con su altitud para determinar su edad.
Tres meses después, había procesado 40 terabytes de datos y cubierto el 30% del país. Los resultados están almacenados en Zenodo, un repositorio abierto operado por el CERN (sí, el mismo del Large Hadron Collider).
El videojuego que salva bosques
Para hacer estos datos accesibles al público, Hickisch hizo algo inesperado: construyó un videojuego estilo Settlers donde los jugadores pueden comprar parcelas de tierra, reforestarlas y encontrar tesoros. Cuando haces clic en una parcela, ves datos reales del escaneo LIDAR, incluyendo las alturas de los árboles más altos de esa propiedad.
"Es un juego tonto, pero lo poderoso son los dos terabytes de datos que lo respaldan", dice Hickisch con honestidad brutal.
Detrás de la fachada lúdica hay un propósito serio: mostrarle a cualquiera —gobiernos, ONGs, ciudadanos— cómo los datos abiertos pueden transformar la toma de decisiones ambientales.
La lección: los datos públicos son el arma más subestimada
Lo más interesante de esta historia no es la tecnología. Es lo que Hickisch representa: un conservacionista en África, sin presupuesto de desarrollo, logró construir herramientas que antes solo estaban al alcance de empresas petroleras y gobiernos con presupuestos millonarios.
"Piensa en la exploración petrolera", dice. "Esas personas tienen presupuestos enormes para sus análisis. La conservación de la naturaleza no tiene eso. Es un buen momento para usar eso como apalancamiento y decir: ahora tenemos las mismas herramientas".
Todos los proyectos de Hickisch son open source. No espera ganar dinero con ellos. Su objetivo: que dos países usen Five Megapixel Conservation para monitorear sus parques en los próximos años. Y, a largo plazo, que más personas en países en desarrollo aprendan a construir su propio software.
"Ahora puedes mostrarle a alguien en la República Centroafricana cómo construir una app web", dice. "Y será el primer miembro del ministerio capaz de hacerlo".
¿Qué significa esto para LATAM?
En América Latina, países como Brasil, Colombia, Perú y México tienen montañas de datos públicos —satelitales, meteorológicos, de deforestación, de biodiversidad— que nadie procesa porque los equipos de conservación no tienen desarrolladores ni presupuesto.
La historia de Hickisch demuestra que la barrera ya no es el dinero: es saber conectar los puntos. Si un conservacionista en la República Centroafricana pudo procesar 40TB de datos con 100 VMs y una herramienta gratuita, ¿qué podrían hacer las reservas naturales de la Amazonía, la Patagonia o la Sierra Madre con los mismos recursos?
El futuro de la conservación no está en presupuestos multimillonarios. Está en los datos que ya existen, el código abierto que cualquiera puede usar, y la voluntad de sentarse a construir.
Comparte esto con alguien que todavía cree que los datos abiertos del gobierno no sirven para nada.