Colossus: la computadora secreta de 1944 que descifró lo imposible y acortó la guerra

Fotografía histórica de operadoras trabajando con la computadora Colossus en Bletchley Park durante la Segunda Guerra Mundial
Colossus en funcionamiento en Bletchley Park, 1944. Las Wrens operaban la máquina 24/7.

Imagina una máquina del tamaño de una habitación, con 1.500 tubos de vacío, que lee cintas de papel a 5.000 caracteres por segundo. No es ciencia ficción. Se llamaba Colossus y en 1944 hizo algo que parecía imposible: descifrar las comunicaciones cifradas más complejas del Tercer Reich.

Si crees que la inteligencia artificial es lo más impactante que ha producido la computación, te vas a sorprender. Colossus fue la primera gran computadora electrónica programable del mundo, y su existencia se mantuvo en secreto durante treinta años. Ni siquiera los historiadores sabían de ella hasta los años 70.

Ahora, el IEEE (el instituto de ingenieros eléctricos y electrónicos más grande del mundo) le ha otorgado a Colossus el estatus de IEEE Milestone, reconociéndola como un hito de la ingeniería que cambió el curso de la historia.

¿Por qué Colossus fue tan importante?

Mientras que la máquina Enigma (la de las películas) cifraba mensajes tácticos del día a día, los alemanes tenían un sistema mucho más sofisticado para sus comunicaciones de alto mando: el cifrador Lorenz SZ40/42. Era tan complejo que los criptoanalistas británicos lo llamaban Tunny (atún) porque parecía imposible de pescar.

Alan Turing diseñó parte de la teoría para romperlo, pero quien construyó la máquina fue Tommy Flowers, un ingeniero de la oficina de correos británica. Flowers llegó a Bletchley Park con un plan audaz: en lugar de construir otro dispositivo electromecánico, crearía una computadora completamente electrónica. Sus superiores le dijeron que era imposible. Flowers lo hizo igual.

1.500 tubos de vacío, cero errores

Construir una máquina con 1.500 válvulas de vacío en 1944 era una locura. Los expertos decían que tantos tubos generarían demasiados fallos. Flowers respondió diseñando un sistema donde cada tubo trabajaba muy por debajo de su límite máximo, logrando una fiabilidad que nadie creía posible.

Colossus podía procesar 5.000 caracteres por segundo leyendo cintas de papel perforado. Para ponerlo en contexto: los ordenadores de la época procesaban decenas de caracteres. Colossus era 100 veces más rápida que cualquier otra máquina existente.

El primer Colossus entró en funcionamiento en diciembre de 1943 y estuvo operativo a tiempo para el Desembarco de Normandía. Los descifrados que produjo permitieron a los Aliados confirmar que los nazis habían caído en el engaño de que el ataque sería en Calais, no en Normandía. Sin Colossus, el Día D podría haber sido una masacre muy diferente.

La máquina que no existía

Cuando terminó la guerra, Winston Churchill ordenó destruir todos los Colossus. Ocho máquinas fueron desmanteladas y sus planos quemados. El secreto era tan absoluto que ni siquiera los Estados Unidos supieron de su existencia hasta décadas después.

Dos personas clave —Tommy Flowers y el criptoanalista Bill Tutte— vivieron el resto de sus vidas sin poder contar lo que habían hecho. Flowers quemó personalmente todos sus documentos por orden del gobierno. No fue hasta los años 70 que la historia comenzó a filtrarse, y recién en los 2000 se desclasificaron los archivos completos.

Hoy existe una réplica funcional en The National Museum of Computing en Bletchley Park, construida por voluntarios en 2007. Puedes verla funcionar, con sus luces parpadeantes y el sonido hipnótico de las cintas de papel.

¿Qué tiene que ver esto contigo?

Cada vez que enciendes tu laptop, tu teléfono o tu consola, estás parado sobre los hombros de Colossus. La computación moderna nació en un cobertizo victoriano en medio del campo inglés, no en Silicon Valley. El primer programador del mundo —la primera persona en depurar un sistema digital— fue una mujer llamada Dorothy Du Boisson, una Wren que operaba Colossus y detectaba sus fallos.

La próxima vez que alguien te diga que "la tecnología avanza demasiado rápido", recuérdales que en 1944 ya había una máquina electrónica programable descifrando códigos nazis a la velocidad de la luz. Y que esa máquina fue destruida, olvidada y silenciada durante 30 años.

La historia de la computación no es la historia de Silicon Valley. Es la historia de mentes brillantes trabajando en secreto, sin reconocimiento, cambiando el mundo desde las sombras.

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