Adiós al diálogo: 'El Tigre' asume en Colombia y promete guerra total contra los grupos armados

Manifestación con banderas en una ciudad de América Latina
La ola conservadora avanza: Colombia acaba de sumarse al nuevo giro de la región. (Imagen ilustrativa)

Un político que hasta hace unos meses era un desconocido juró este viernes como presidente de Colombia y prometió algo que ningún gobernante reciente se había atrevido: guerra total contra los grupos armados y fin de la negociación. Su apodo lo dice todo: "El Tigre". 🐅

Abelardo de la Espriella, un abogado y empresario de 48 años, tomó el poder en Cali y no en Bogotá, rompiendo con la tradición. Y no fue casualidad: escogió la ciudad que más ha sufrido el conflicto con disidencias de las FARC y el Clan del Golfo para enviar un mensaje de mano dura desde el primer minuto.

El mensaje que dejó helado a medio país

En su discurso inaugural el nuevo presidente fue directo: "la opción del diálogo está completamente agotada". Le dijo adiós a la estrategia de su predecesor, el izquierdista Gustavo Petro, que durante cuatro años intentó sentar a las guerrillas en una mesa de negociación.

Para Espriella, esa política fracasó. Punto. Ahora llega el tiempo de la mano dura y del combate abierto contra el narcotráfico.

Un detalle que no pasó desapercibido: apenas terminó de jurar, se fue directo a un batallón militar a hablar con las tropas. Todo un símbolo de lo que viene.

El recorte de gasto del 40% que prometió

Si vivís en Latinoamérica y pensás que esto no te afecta, revisá los números: el nuevo gobierno prometió recortar el gasto público hasta en un 40% y poner de nuevo en marcha la industria petrolera, incluyendo el fracking.

Frente a los empresarios, adelantó que su administración será "socia de la inversión privada" y que se va a fortalecer la petrolera estatal Ecopetrol.

En el plano político, se mostró abiertamente alineado con Estados Unidos e Israel, y adelantó que tomará distancia de Cuba y Nicaragua, a los que calificó como "tiranías".

El respaldo que ya tiene: 1.000 millones de dólares

Mientras el nuevo presidente juraba en Cali, el Departamento de Estado de Estados Unidos anunciaba 1.000 millones de dólares en ayuda de seguridad para Colombia.

Esa plata forma parte de la coalición antidrogas que impulsa Trump en la región. El mensaje de Washington es claro: Colombia vuelve a ser el frente principal de la guerra contra el narcotráfico, como lo fue hace 25 años.

Es el mismo libreto de siempre, pero con un giro político: la región ya no quiere negociar la paz, quiere declarar la guerra.

El país partido en dos

Petro denunció un supuesto fraude electoral tras perder en la segunda vuelta, pero la observación internacional y las autoridades electorales descartaron esas denuncias. Finalmente, aceptó el resultado y se facilitó la transición.

En la calle, el país sigue dividido: hubo protestas el mismo día de la toma de posesión en Cali, Bogotá y Barranquilla. La izquierda colombiana no se rinde y el nuevo presidente lo sabe.

Su gran baza es el dinero: el cheque de Washington y la expectativa del sector privado están de su lado. Pero la fórmula mágica para derrotar al narcotráfico sin costo social todavía no la tiene nadie.

La historia que se repite (y lo que nos viene)

Colombia ya probó esta receta: más gasto militar, más ayuda de Estados Unidos, más guerra contra el tráfico. La última vez, los grupos armados se adaptaron, cambiaron de forma y el conflicto siguió.

La diferencia hoy es una: la región entera viró a la derecha y hay menos presión internacional para negociar que hace una década.

Lo que haga Colombia en estos cuatro años va a marcar el manual que quieren copiar en México, Perú o Argentina. Por eso esto no es solo una crónica presidencial: es un termómetro para toda la región.

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