ChatGPT estampa firmas reales en caricaturas falsas de The New Yorker

Un robot dibuja a mano una caricatura sobre un papel en blanco
La IA no solo copia el estilo: también firma con el nombre de quien dibujó de verdad. / Unsplash

Pidió a ChatGPT "una caricatura estilo The New Yorker" y se llevó 25.000 likes. El problema: la viñeta llevaba abajo a la derecha la firma "BLOPER", el seudónimo del dibujante Brendan Loper. Y Loper no la dibujó, ni la firmó, ni sabía que existía.

Fue un fan de Dolly Parton quien la generó a fines de agosto, después de la muerte de la cantante y de Tim Curry: Dolly llegando al cielo con el doctor Frank-N-Furter de brazo. La imagen se voló en Twitter, Facebook, Instagram y Bluesky.

"Mi nombre es mi nombre: se sintió como una violación"

Lo primero que recibió Loper fue un mensaje de su gemelo: un amigo le había visto la caricatura y preguntó si era suya. Después llegaron emails y DMs de desconocidos. "No soy una persona territorial, pero mi nombre es mi nombre", dijo.

Y no es un caso aislado. En foros de Reddit circularon decenas de caricaturas generadas por ChatGPT firmadas por Harry Bliss, Emily Flake, Joe Dator, Pat Byrnes, Peter Vey, Jason Adam Katzenstein y leyendas vivas como George Booth y Liza Donnelly.

El detalle que parte el hocico: a Pat Byrnes siempre le firma con punto final ("P.Byrnes."), como quien cierra una carta. En más de una docena de caricaturas de IA encontradas con su nombre, el punto final estaba ahí también. La IA copió hasta la puntuación de su firma.

Por qué la firma duele más que el estilo

Copiar un estilo es difuso. Copiar una firma es otra cosa: es firmar una declaración que no hiciste. "La firma es mi certificado de autenticidad. Si pongo mi nombre, es oficial, es mío. Es una marca", explica Loper.

Joe Dator, 20 años en la revista, lo dijo mejor: "Me han hackeado la tarjeta de crédito. Eso se siente menos violador que esto. Cuando me hackearon la tarjeta no se disfrazaron de mí."

Jason Adam Katzenstein, demandante en la colectiva contra Anthropic, fue el más duro: "Es basura que se pretende ser yo. No es el punto que sea graciosa: es darle un golpe de gracia al trabajo, porque cuesta dinero y lleva tiempo."

Los números y el derecho: esto se está litigando

Condé Nast firmó en 2024 un acuerdo de licencias plurianuales con OpenAI, pero un portavoz de The New Yorker aclaró que nunca se autorizó entrenar modelos con sus caricaturas, ni usar su logo. OpenAI se negó a explicar cómo llegaron esas firmas a sus modelos.

Y hay papel: documentos sin censar del juicio New York Times v. OpenAI revelaron que la compañía esquivó las barreras de pago de las editoriales para entrenar, y memorandos internos de Microsoft calificaron los datos scrapeados como "el mayor robo de mano de obra de la historia humana".

En julio, un tribunal aprobó el pago de 1.500 millones de dólares a autores y editoriales por el entrenamiento de Claude con libros pirateados: la mayor condena de la historia del copyright de EE.UU.

¿Y dónde encaja la firma? James Grimmelmann, de Cornell Law, advierte que en copyright lo que pesa es el estilo, no la atribución. La vía más realista contra una firma falsa es el right of publicity — usó tu nombre sin permiso — y el debate en HN (470 puntos, 349 comentarios) ya va por ahí: ¿copyright o marcas registradas?

Lo que nadie te cuenta: el empleo sí desapareció

Mientras se discute la ley, los hechos: el Baltimore Sun despidió a Kevin Kallaugher, finalista del Pulitzer con más de 30 años de caricaturas en el periódico, y desde comienzos de año publica viñetas generadas con IA (verificadas con la propia herramienta de marcas de agua de OpenAI).

Marc Murphy, presidente de la Asociación de Caricaturistas Editoriales de EE.UU., lo llamó "robo a los artistas" en una carta abierta. "El Sun no es el único periódico americano tomando esta salida degradante."

Mi veredicto (y sí, es polémico)

Que una IA firme por ti no es un bug menor de rendering: es falsificación de identidad con escala industrial. Si tu nombre vale algo, alguien está cobrando por él sin pagarte.

Y no es un problema de gringos. En República Dominicana y toda LATAM, los caricaturistas de prensa viven de su firma: es lo que les consigue editoriales, libros y encargos. El mismo modelo que le robó la firma a Loper ya está leyendo nuestros periódicos.

La pregunta es si vamos a esperar a que el primer caricaturista de la región tenga que demandar para probar que su firma era suya.

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