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California está arrancando el 25% de sus viñedos y aún así le sobra vino
Este año el viñedo de Bill Berryhill dio una de las mejores cosechas de su vida. Uvas merlot sanas, maduras, sin una plaga. Y no tiene a quién vendérselas. "Levantas una cosecha hermosa, es un gran año, y la dejas en el suelo. Es triste. Todo tu trabajo va por el retrete", dice el viñatero de 68 años, tercera generación, parado en medio de su campo en Lodi.
No es un caso aislado. Es el síntoma de un colapso silencioso que lleva cinco años madurando en el Valle Central de California y que ya toca uno de cada cuatro acres de viñedo del estado: California tuvo casi 600,000 hectáreas de viñedo en su pico durante la pandemia, y los agricultores han retirado o dejado de cultivar una cuarta parte de esa tierra.
Los números duelen más que el relato
Las cifras no admiten discusión. Las ventas de vino en Estados Unidos cayeron un 23%: de 427 millones de cajas en 2020 a 329 millones en 2025. El dinero gastado bajó un 22%, de 94,000 millones a 74,000 millones de dólares, según el informe anual de First Citizens Bank, antes Silicon Valley Bank.
Lo más perturbador no es el volumen, sino el contrato. Este año casi la mitad de la cosecha de uvas de vino de California entró a la vendimia sin comprador. En un año normal, entre el 70% y el 80% llega con contrato firmado. Ese hueco de veinte puntos porcentuales es exactamente el margen de vida de un viñatero.
Y California no puede simplemente exportar el exceso. El consumo global de vino cayó 2.7% en 2025 y acumula un descenso del 14% desde 2018, según la Organización Internacional de la Viña y el Vino, con caídas fuertes en Europa y China. Producir en Estados Unidos cuesta más que en Argentina o Australia, y los aranceles han golpeado justo al mayor cliente extranjero: Canadá.
Por qué se rompió el modelo
Cuatro presiones simultáneas, y ninguna pasa:
1. Los baby boomers se jubilan del mercado. La industria entera se construyó sobre una cohorte que en los 80 y 90 desarrolló el gusto por el cabernet y el chardonnay. Esa ola se retira y no hay reemplazo.
2. Los jóvenes beben menos. No por moral, sino por salud y por bolsillo. Como resume Berryhill: "Los chicos simplemente no toman tanto. Y no es solo vino, es whiskey, es cerveza, es todo".
3. La competencia de los hard seltzers y el cannabis. Un bebedor de 25 años tiene en la mano un cóctel listo para beber y la etiqueta de mejor valor que nunca existió.
4. El exceso estructural de oferta. Aquí está el nudo real, según Jeff Bitter, presidente de Allied Grape Growers, que representa a unos 500 agricultores del estado: "El mercado está tan deprimido que es difícil cultivarlas con rentabilidad. La demanda no está subiendo. Todavía sigue cayendo".
El dilema del viñatero
Lo que sigue es un cálculo frío, no de corazón. Un agricultor tiene tres salidas y las tres duelen:
Cosechar y vender a pérdida. A veces el único comprador es una bodega que fabrica mosto concentrado.
Dejar las uvas en la vid. Pudren ahí hasta que caen.
Arrancar las vides. Alrededor de 40,000 acres se retiraron el año pasado, y muchos terrenos se están reemplazando por almendros, que sí tienen demanda real.
Ese último punto es el más duro: 40,000 acres de vides arrancadas en el último año es, literalmente, capital humano convertido en leña.
No se trata de una mala cosecha. Se trata de una industria entera que perdió el contrato con su propio consumidor, y eso no se arregla con una buena vendimia.
El efecto dominó en la economía local
El impacto no se queda en el viñedo. Kyle Collins, gerente de operaciones en Lodi, lo pone crudo: "Eso no está llegando a los bolsillos de los que hacen el trabajo de campo, los jornaleros. Tiene un efecto de goteo en la economía". Menos cosecha significa menos tractores, menos podadores, menos manejadores, menos servicios. Y California produce más del 80% del vino de Estados Unidos por su geografía y clima mediterráneo único: si el Valle Central tose, el país entero.
¿Puede el vino viejo salvar al vino
Hay un atisbo de optimismo. Rob McMillan, estratega jefe de vino de First Citizens Bank, apunta a lo que él llama "el siguiente paso en el proceso de curación": dejar de intentar producir más y averiguar qué quiere realmente el consumidor que queda. Habla de vino sin alcohol, porciones más pequeñas, y experiencia en lugar de botella.
Pero mientras eso madura, en Lodi las cosechadoras siguen trabajando de noche recogiendo uva que se va a pudrir bajo la luz de la luna. Y Bill Berryhill, cuyo abuelo empezó a cultivar uva hace casi 100 años, no piensa tirar la toalla: "Me encanta cultivar uvas. Está en la sangre. Porque las amo, puedo aguantar esto y voy a pelearla".
Su nieto, probablemente, no tendrá la misma paciencia. Ese es el verdadero final de la historia: no es una crisis del precio del vino, es una crisis de continuidad.
Lo que esto significa para ti
Dos cosas prácticas. Primero: el vino global solo va a seguir bajando, y el segmento premium es el más expuesto. Segundo: en los próximos 24 meses vas a ver más etiquetas nuevas, spritzers, copas de 100 ml y "vino de nueva generación" intentando llenar el hueco de los grams que ya no compran. Es la misma guerra que el gin perdió contra el hard seltzer, y el sector ya sabe cómo termina.
Lo que no va a pasar es que el vino premium vuelva a crecer. Para eso habría que dejar de arrancar la cuarta parte del viñedo de un estado cada año.
¿Tú sigues comprando vino o ya migraste a algo sin alcohol? Comparte esto con alguien que todavía cree que el vino es una inversión, y déjanos tu opinión en los comentarios.