🗳️ Política
Bukele se repartió 6 curules con su propia Constitución: las elecciones de 2027 ya tienen ganador
Para entender lo que acaba de pasar en El Salvador no hace falta saber de política. Solo hace falta contar números.
La Asamblea Legislativa tenía 84 diputados. Ahora tiene 60. Esos 24 que desaparecieron no se fueron por un debate: se fueron por decreto exprés. Y en algún momento entre la convocatoria electoral y el anuncio, alguien cambió las reglas del juego tan discretamente que casi nadie lo vio venir.
El Tribunal Supremo Electoral (TSE) convocó elecciones generales para el 28 de febrero de 2027. Nayib Bukele va por su tercer mandato consecutivo. Y la reforma que lo hace posible pasó sin oposición en el camino. 🗳️
Lo que cambió no es el número, es quién se sienta allí
Si solo miras los titulares, parece un recorte fiscal: menos diputados, menos sueldo, más eficiencia. Pero el número nunca fue el punto.
El punto es quién ocupa esas curules. La reforma constitucional le da a la diáspora salvadoreña —los casi 2 millones que viven fuera del país— 6 diputados propios. Esos 6 no se eligen en un distrito. Se eligen en un circuito global, por expatriateados, en voto abierto. Y ese padrón electoral vive fuera del territorio que la oposición puede recorrer puerta a puerta.
Mientras tanto, los curules se quitan de San Salvador y La Libertad, las dos plazas donde la oposición realmente ha sacado votos. La redistribución tiene un nombre técnico: gerrymandering institucional. Y se hizo con el argumento más limpio del mundo: "la diáspora también tiene derecho a estar representada".
El TSE: el último árbitro
La pieza más delicada del paquete es el Tribunal Supremo Electoral. La reforma también modifica el órgano electoral, y ahí aparece la pregunta incómoda: ¿quién decide quién cuenta los votos?
Un TSE reformado por el partido que quiere ganar la última jugada es, por definición, un árbitro que también juega. No hace falta teoría conspirativa para verlo: basta con la aritmética institucional. Quien controla el tablero controla el resultado.
Y hay un dato que lo cambia todo: Gana, el partido de la oposición, ya anunció que no participa en las elecciones presidenciales y respalda la candidatura de Bukele. O sea: la oposición aquí no es un partido débil que perdió una elección. Es un partido que decidió retirarse.
El mecanismo: decreto, no ley
Aquí está el ángulo que casi nadie está comentando, y es el que de verdad importa.
El procedimiento fue: decreto ejecutivo aprobado de forma exprés, con la Asamblea ya dominada por Nuevas Ideas. Sin debate extendido, sin proyecto de ley ordinario, sin oposición presente. Es el mecanismo que Bukele perfeccionó durante su mandato anterior: la ley no se debate, se decreta.
Y funciona. En cinco años Bukele pasó de ser un outsider inesperado en la Asamblea a controlar institución tras institución. La megamaquinaria legal —decreto exprés, reforma constitucional exprés, decisiones del Tribunal— no es un movimiento aislado en la región.
Piensa en la secuencia: primero el poder, después las reglas, después el resultado. Plataformas que redefinen el territorio, estados de excepción que se refrescan por decreto, y ahora reformas electorales que cierran el ciclo. El precedente queda claro: cualquier líder con supermayoría puede argumentar que "el sistema necesita reforma" y obtener el mismo efecto en otro país. ⚡
Qué viene ahora: febrero de 2027
El calendario es el siguiente:
- Febrero de 2027: elecciones generales. Bukele va por su tercer mandato.
- Antes de eso: el TSE tendrá que definir el padrón de la diáspora, los métodos de votación remota y los plazos.
- Simultáneamente: ya se definieron las fórmulas presidenciales. Bukele tiene la suya por defecto; la oposición, el número de una.
Y luego están los observadores. Latinoamérica, que ha visto esas mismas técnicas en Bolivia, Honduras, Brasil y Colombia, va a estar mirando muy de cerca cómo se cuenta esta vez.
La postura que nadie quiere decir en voz alta
Seamos honestos: la reforma de la diáspora no es absurda por sí misma. Los salvadoreños en el exterior son una comunidad enorme, organizada y con problemas reales de representación. El argumento no es cínico: es razonable.
El problema es la velocidad y el método. Se reformó el sistema semanas antes de la convocatoria, por decreto ejecutivo, con la oposición fuera y la diáspora como nuevo constituency sin fiscalización local. Si vas a cambiar las reglas, hazlo con luz, con meses de anticipación y con debate público. No con un decreto exprés un martes y el resultado el miércoles.
Eso es lo que separa una reforma electoral legítima de un ajuste mecánico a favor de quien ya está ganando.
Lo que nadie te dice sobre esto
Los sondeos del segundo mandato de Bukele están entre los más altos registrados en la historia del país. Cuando un incumbent puede cambiar la ley electoral con un decreto y aun así mantener un respaldo de dos dígitos, eso deja de ser un puzzle y se convierte en una advertencia: el sistema no falló. El sistema funcionó exactamente como se construyó.
Febrero de 2027 va a ser una elección con un gobierno perpetuo que no necesitó permiso para quedarse. Eso es lo que está en juego.