⚽ Deportes
Amber Glenn ganó oro en patinaje — y casi lo pierde porque el artista dueño de su música se enteró viendo la tele
Imaginate esto: entrenás dos años para los Juegos Olímpicos, dejás todo en la pista, ganás la medalla de oro, y una semana después te enterás de que el dueño de la música que usaste en tu rutina no tenía idea de que la estabas usando. No te la compuso a medida. No le pediste permiso. Simplemente la usaste porque sonaba bien y nadie te dijo nada.
Eso no es un guión de Black Mirror. Eso es exactamente lo que le pasó a Amber Glenn, la patinadora estadounidense que se llevó el oro en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026 con una rutina inspirada en los Minions. Y su historia expone un problema que lleva años congelado bajo el hielo: el copyright en el patinaje artístico olímpico es un caos legal del que nadie habla.
La rutina que casi termina en demanda
Amber Glenn ejecutó su programa largo al ritmo de "The Return", un tema del músico canadiense Seb McKinnon, conocido artísticamente como CLANN. La rutina, coreografiada con un estilo juguetón que evocaba a los personajes amarillos de Illumination, fue un éxito rotundo: notas perfectas, oro olímpico, portadas en todo el mundo.
Pero McKinnon no lo sabía. El músico se enteró de que su canción había sonado en la ceremonia más vista del planeta exactamente de la misma forma que vos: viendo la televisión.
Y tenía todo el derecho de estar molesto. Porque Glenn había estado usando "The Return" durante dos temporadas completas sin que nadie del equipo olímpico estadounidense verificara si la licencia cubría una transmisión global en vivo desde Italia.
¿Por qué pasó esto? No es mala fe, es ignorancia legal
Acá viene lo interesante. Según explica Edward Lee, profesor de la Facultad de Derecho Chicago-Kent del IIT, el sistema de licencias musicales en Estados Unidos permite que los patinadores usen canciones en competencias nacionales sin problemas. Las sedes compran licencias generales (blanket licenses) a organizaciones como ASCAP o BMI, y los atletas pueden elegir cualquier canción del catálogo.
El problema aparece cuando la competencia se transmite por televisión o se graba. Ahí se necesita una licencia de sincronización (sync license) que autorice específicamente el uso de la grabación original. Y cuando la transmisión es internacional, como unos Juegos Olímpicos, cada país tiene sus propias leyes de copyright. Lo que funciona en Indiana no funciona en Italia.
"Copyright is territorial: each country has its own copyright laws and its own systems for obtaining permissions. Because Olympic performances are broadcast globally, some form of sync licenses would likely be required, meaning individual rights holders must be contacted to obtain permission." — Prof. Edward Lee, Chicago-Kent College of Law
En criollo: nadie en el equipo de Glenn verificó si la canción estaba licenciada para ser transmitida en 200 países. Porque el sistema no está diseñado para que los atletas entiendan estas complejidades. Están concentrados en saltos triples, no en leer contratos de BMI.
No es solo Amber Glenn: es una epidemia olímpica
La historia de Glenn no es un caso aislado. Billboard lo describió como "una pesadilla de autorizaciones" para los patinadores olímpicos. Front Office Sports publicó un análisis titulado "How Olympic Figure Skating Music Ended Up in a Copyright Quagmire" (Cómo la música del patinaje artístico olímpico terminó en un atolladero de copyright).
El problema es sistémico:
- Los patinadores cambian de música cada temporada y no tienen presupuesto para abogados de entretenimiento.
- Los compositores independientes como McKinnon no tienen representación legal que monitoree el uso de su música en eventos internacionales.
- Los comités olímpicos nacionales no tienen un proceso estandarizado para verificar licencias de sincronización global.
- Las cadenas que transmiten los Juegos confían en que los atletas tienen los derechos, pero nadie se responsabiliza si falta algo.
Y mientras tanto, artistas como el canadiense que casi demandó a Glenn se enteran por la tele de que su música está siendo usada frente a millones de personas. Es un milagro que no haya explotado una demanda masiva antes.
El final feliz (por ahora)
Por suerte, la historia de Amber Glenn y Seb McKinnon tuvo un final feliz. Ambos llegaron a un acuerdo rápidamente y Glenn podrá seguir usando "The Return" con la bendición del artista. Pero el problema de fondo sigue ahí: el sistema de licencias musicales para eventos deportivos internacionales está roto.
Y no es solo el patinaje artístico. Gimnasia, natación sincronizada, patinaje de velocidad, y cualquier deporte que use música coreografiada enfrenta el mismo riesgo. En cada Juego Olímpico, hay docenas de atletas compitiendo con música que quizás no tienen derecho a usar. Y nadie lo sabe hasta que alguien ve la tele y dice "esa es mi canción".
¿Qué significa esto para los atletas LATAM?
Para los patinadores latinoamericanos, el problema es aún peor. Los comités olímpicos de países con menos recursos no tienen departamentos legales dedicados a verificar licencias musicales. Un patinador de México, Argentina o Brasil que elige una canción de un artista indie estadounidense o europeo está completamente expuesto a una disputa de copyright después de su actuación.
Y mientras los organismos internacionales no creen un sistema de licencias global para eventos deportivos, cada atleta compite no solo contra sus rivales, sino también contra el sistema legal.
Comparte esto si crees que los atletas no deberían necesitar un abogado para poder patinar con música.